7.29.2009

Mascaras, publicado en la revista Ventisca, Buenos Aires, Argentina

Máscaras
Por Amalia Sato

Noh y Occidente. El teatro de fantasmas y las vanguardias. A partir de 1868, con los rápidos cambios que iban trastornando el modo de vida y los gustos de los japoneses, parecía muy difícil que el teatro Noh pudiera sobrevivir. Los artistas se desbandaron y muchos siguieron al Shogun a su exilio, pero uno que cumplía el rol secundario de acompañante del shite, tsure, Umekawa Minoru, permaneció en Tokio y continuó con las representaciones.
Pronto el teatro Noh, gracias al esnobismo de los diplomáticos y visitantes extranjeros, se convirtió en asunto de interés, primero para los estudiosos (Fenollosa) y a principios del siglo XX, gracias a las traducciones de Ezra Pound basadas en los trabajos de Ernest Fenollosa, en alimento teórico del drama occidental y la producción poética de los artistas intrigados por su simbolismo y hieratismo que estimularía a las vanguardias.
William ButlerYeats, que prologó el libro de Pound, fue el primero en analizar la simbología del Noh, e influyó en los estudiosos japoneses. Nöel Péri hizo las primeras traducciones al francés y Arthur Waley en 1921 las del inglés. Paul Claudel, Brecht, Thornton Wilder tomaron elementos de la puesta Noh para las suyas.

Zeami. La conceptualización del teatro Noh. Hijo y padre de un actor, actor él mismo, Zeami nació en 1365. Compuso las mejores obras de teatro Noh y redactó durante 40 años los numerosos tratados de su arte. Murió octogenario y exiliado del poder. Descubiertos en 1909, tras cinco siglos de ocultamiento, sus tratados fueron traducidos en 1960 al francés por René Sieffert. Recetas y trucos sobre el oficio, ninguna mistificación en la versión del maestro francés.
Junto con su padre Kanami, Zeami creó la estructura del teatro Noh, haciendo un patchwork muy meditado con elementos que ya existían: el sarugaku (juego teatral con máscaras que daba marco solemne a la ceremonia shinto), el dengaku (danza y recitado, con exhibición de acrobacias), las danzas chinas y la danza kuse-mai que combinaba danza y relato cantado. El Noh es, pues, una creación de dos artistas, y de ninguna manera un teatro popular desarrollado a lo largo del tiempo; es una operación cumplida en función de un público nuevo, a la medida del mecenazgo que lo sostenía: el espectáculo creado para el gusto de los poderosos. El encuentro del shogun Ashikaga Yoshimitsu, entonces de 17 años, prendado de la belleza del jovencito Zeami de 12 años, inscribe esta forma dentro de la cultura homoerótica de la época: la visita del shogun al templo de Imakumano en Kyoto, un día de 1374, para ver la función de sarugaku representada por Zeami y su padre, se convierte así en un episodio fundamental para la vida cultural.
Para el estudioso Konishi Jin’ichi, Zeami es uno de los pensadores japoneses más importantes: el Noh pone en escena la expresión de la tensión entre apariencia y realidad. Ver un proceso, según la rigurosa ley del karma, es el salto epistémico. Zeami seguía los preceptos de Doogen (1200-1253), quien proclamaba que no había samsara aparte de nirvana, vale decir que práctica y realización son idénticas. La cosmología jerárquica del Budismo quedaba cuestionada en esta versión japonesa.

Máscara. Una escena clave en el rito de transformación del actor es la colocación de la máscara. Dicen que permanece solo cuando se la coloca, ante un espejo y concentrado (la habitación se llama kagami no ma). La máscara es pequeña y no cubre toda la cara, deja ver los dos planos: madera y carne. Así que hay un contorno a los costados y sólo llega a cubrir la boca, donde no hay orificio, (sólo en los ojos y muy pequeños, de modo que el actor se guía por pasos). La máscara es la materialización de una oposición conceptual clave en el pensamiento japonés: ura-omote (derecho, revés / lo que se ve, lo que se oculta). La máscara velará y amplificará la emisión de la voz. Voz que se emite con apoyo en el diafragma, dando la impresión de que los sonidos salen de un hueco, de una caverna.
El waki (actor secundario, testigo) como catalizador de la historia, no muestra emociones en su rostro. El shite (actor principal) agrega a la expresividad de la danza, la propia de la máscara que cambia de expresión según los golpes de luz que reciba. Si inclina hacia arriba la cabeza, la ilumina. La oscurece o nubla, mirando hacia abajo. Moviendo la cabeza de un lado a otro, la carga de ira. Si los movimientos son lentos y repetidos, la máscara expresa emociones profundas.

Defensa del fantasma Noh. En el fantasma hay una voluntad, y hay un lugar (basho), pero un desfasaje en el tiempo. El problema es el desplazamiento en el tiempo. El lugar es el mismo pero el tiempo ha mudado. Hay un hiato entre la topología y la historia. Es el problema básico de toda retórica amorosa: volver al mismo lugar, cuando nunca hay el mismo tiempo.
En el fantasma hay una intención. La intención es la práctica articulatoria en el lugar (basho) y cuando el lugar ha desaparecido temporalmente, la intención se transforma en la práctica articulatoria del sujeto que habla.
El fantasma reaparece y habla. El monje escucha. El coro repite el discurso. El fantasma se apacigua: se hace silencio y desaparece. La función del coro griego era dialéctica. La función del coro en el Noh es mimética, ecolálica. El discurso se desdobla, y el fantasma se escucha a sí mismo. Sobre el escenario se cumple fundacionalmente el principio de la iluminación original (hongaku). El término clave de la estética Noh, yûgen “lo que se encuentra bajo la superficie”, da el tono.

Fantasmas Noh y sueños. Hay un recurso técnico denominado mugen, el sueño donde aparecen los fantasmas, en voces. Un dato de la cultura shamanística femenina, paralela a la institución masculina del budismo. Había mujeres shamanes itinerantes (arukimiko) y hombres shamanes disfrazados de mujer (jisha). Sus rituales se escenifican en el Noh: la danza shirabyoshi (con ropa de los muertos para invocarlos), de blanco y con abanicos, sombreros y espadas .
Este shamanismo también afectó a la secta budista Jishu muy activa en el siglo XIII, cuyos sacerdotes se comunicaban con las almas de los muertos mediante la danza y el canto, y solían visitar antiguos campos de batalla para orar por quienes allí habían muerto, intermediando entre este mundo y el de ultratumba.

Reflexiones sobre la palabra, la voz. La hermenéutica japonesa en la interpretación de Motoori Norinaga y Fujitani Mitsue. Hay dos intelectuales que todavía no podemos leer de primera mano. Uno, Motoori Norinaga (1730-1801). Otro, Fujitani Mitsue (1768-1823). Sus tratados filológicos nos ayudarían a despejar muchos de los malentendidos y mistificaciones oscurantistas. Ambos, estudiosos de un siglo XVIII también iluminista en Japón. El tema del fantasma, en su dimensión vocal, en la conceptualización de qué sea el habla, encontraría en los escritos de Motoori una lectura propia. El tema de la máscara, radicalmente topológico, tendría en Fujitani – intelectual olvidado por los japoneses y que habría sorprendido a Heidegger o Gadamer – una recuperación no dual, sino con un tercer elemento. Desesperante lentitud de la difusión: dispersamos sus conceptos a partir del ensayo de Michele Mara .

Motoori privilegiaba la voz en el proceso de significación, pues opinaba que el lenguaje no sólo representaba sino que producía una realidad externa. Las cosas guardaban un espíritu que se expresaba en la palabra (kotodama): cosa y palabra eran intercambiables, se correspondían.

Motoori, un intelectual de la Escuela conocida como Kokugaku o de Estudios Nacionales, adoptaba una posición crítica ante la escritura china, kanji, y declaraba la futilidad de aplicar la hermenéutica a los trazos de la escritura, antes de haber comprendido el significado de la voz con la cual se hallaban relacionados. Hacía una distinción tajante entre palabra (kotoba) y signo (moji) privilegiando a la primera, decía: “El sonido es el maestro. Su representación escrita, su siervo”. Hay una voz de la escritura (moji no koe), pero superada por la voz del habla (kotoba no kokoro). “Cantar o recitar un poema en voz alta es llamar a alguien”, decía, sintetizando las ideas de Tanigawa Kotosuga (1709-1776) y Tamaki Masahide. Creía como Hori Keizan que cuando las penas se acumulan hay que dispersarlas en el canto, que la poesía es como una válvula que garantiza el bienestar físico y mental.
Para Motoori, el acto de cantar (nagamuru) se asimilaba al acto de llorar (nageku) o de suspirar (nagaiki). Un acto que sostenía el hálito, que reproducía el proceso de vida. Una teoría del pneuma, para la cual las partículas exclamativas (aya, ana, aware) son la base para la posibilidad de relaciones entre sujetos, y los 50 sonidos del silabario (fonemas) poseían un poder que se potenciaba en el sonido de la a, origen de un mundo.
Esta valoración de la voz lo llevará a desconfiar del método etimológico, porque éste intentaba recuperar el significado desde el trazo escritural. Lo esencial es la transparencia y espontaneidad de la expresión poética. “Nada hay fuera del lenguaje.”

Fujitani no creía en la espontaneidad de la voz, también desconfiaba de la recuperación directa del significado que proponía el par omote (superficie)/ura (fondo, revés), y consideraba una tercera posibilidad, el borde (sakai). Fujitani sabía que el modelo de significación es más complejo que esta estructura en 3, pero se limita y apoya para la reflexión en este esquema. “Así, la “tristeza” (omote) implica lo que está excluido de su trazo, es decir “el hecho de no ser triste” (ura) como un sine qua non para la definición del verdadero significado de la “tristeza”, el cual es la trágica experiencia de la expresión poética (sakai)”

La colocación de la máscara en Noh contempla también una filtración. ¿Qué es hablar? Lo hablado puro es el poema, decía Heidegger. ¿Cuál es el intermedio entre mundo y cosa? Zwischen, mitte, unter-schied, el inter latino: el umbral. Algún día cuando se traduzcan los tratados de Fujitani, tal vez se puedan confrontar conceptos que por ahora sólo resultan extrañamente sugerentes.
Para Fujitani, el corazón humano no es transparente sino víctima de violentas pasiones, enviciado en categorizaciones duales. Toda verdad está sometida a la elasticidad de las circunstancias que pueden dictar mensajes aparentemente contradictorios, según las necesidades situacionales. Hay una línea que bordea la verdad (makoto no sakai). “La verdad poética (makoto) necesita la copresencia de un corazón privado y un cuerpo público. El tiempo recuperado por la poesía es el momento de la producción de la diferencia, el impacto de un sujeto que imprime una diferencia a las configuraciones de la realidad existente antes de la llegada del sujeto, con un objeto que impone cambios sobre el proceso de pensamiento del sujeto. Con un impacto que produce la suspensión del juicio personal, que hace de lo otro todo mío, y de lo mío propio lo otro. El acto poético mata las tinieblas que urgen a la acción y la pasión”.
Más: “Con rodeos y figuras retóricas, el poeta debe dominar el arte del ocultamiento. Bajo la máscara de la naturaleza, ocultar los sentimientos. Saber usar las fórmulas mágicas, las expresiones contrarias: al decir no voy, ir; al decir no veo, ver. Invertir el significado de las palabras: este es el misterioso principio que permite que los demás comprendan los sentimientos”.

7.24.2009

Arles, nota publicada en revista Venus/Proyecto Venus, Buenos Aires, Argentina

ARLES
Por Amalia Sato

México DF, 18 de febrero de 2000.
Querida:
Mi casa quedó vacía, como separador de Ozu. La vida sigue su curso en su viaje a la nada. Estoy feliz de haberte tenido tan cerca durante tantos días en el mundo de la impermanencia. Te cuento: ayer estuvo O. Y entre cosas me habló de algo sorprendente. En el depósito del Museo Nacional de Tokio hay un montón de colecciones sin clasificar, arrumbadas, regalos a la Casa Imperial de parte de funcionarios que cumplieron servicios en el exterior en los primeros años de Meiji. Entre estas colecciones hay una de objetos representativos de Brasil donada por ¡MORI OGAI !, el mismo que viste y calza. No se sabe por qué Ogai tenía esa colección, pues hasta donde hay noticias nunca ofició de diplomático en ese país. ¿Habrá sido algún viaje? En todo caso, la trama se cierra. Tus dos grandes temas unidos por una colección de más de cien años. También me comentaba O. que Ogai, después de retirarse como médico, terminó como director del Museo, entonces Imperial, y que como funcionario debía ir diariamente a su trabajo ¡con uniforme militar!. Yo cada vez entiendo menos al mundo. Le conté a O. de nuestro seminario y quedó encantado. O. es alguien como nosotros, especializado en mil cosas y en ninguna, que escribe desde su no especialización, como corresponde en estos tiempos.
El ukiyoe erótico de A. ya está enmarcado. Me habló C. para comentarme que ya lo tiene, pero yo todavía no lo he visto. Espero que el regreso a Bs.As haya sido, y sea, armónico. Hoy recibí mail de R., lleno de novedades, entre ellas un viaje a ¡Bahía Blanca! Sigo sin entender el rumbo de las cosas. Te mando un gran abrazo y espero tus novedades, siempre recibidas con toda la atención.
Guillermo Quartucci

Según el sociólogo brasileño Renato Ortiz (en O próximo e o Distante), la consecuencia más trascendente de la globalización es la transformación de la noción de espacio: ya no nos orientamos por puntos cardinales obsoletos, ya no hay Oriente y Occidente en el contexto de la modernidad-mundo. Hay desterritorialización, reterritorialización, y una contundente internacionalización de lo popular. Ortiz dixit.

Los primeros occidentales que tomaron contacto con Japón fueron los españoles y los portugueses. Kastera (de castilla, un bizcochuelo muy liviano, cuyo secreto radica en batir mucho la preparación ) y tempura (de tempora, las frituras del tiempo de la Cuaresma, cuyo secreto es echar la pasta casi helada en el aceite caliente) son palabras que revelan esos contactos. También algunos arriesgan una etimología especulativa para arigato (que vendría de un deformado obrigado del portugués). Tras la expulsión, hubo cultos marianos secretos sobre todo por el sur de Japón.
La sífilis fue, para los japoneses, el mal de los portugueses (nambakassan).

Y de Asia en Brasil: la sombrilla, el palanquín, el abanico, el bastón, las colchas de seda, las tejas a la moda china o japonesa, las porcelanas, las especias, los cocoteros, el mango, la yaca, la canela, el cuzcuz, los fuegos artificiales (el Reveillon de Rio con el culto a Iemanjá), la moda de las joyas y los aderezos tomados de la India – la maravillosa Goa, capital de la cultura portuguesa del siglo XVI, donde estuvo Camões- , joyas que recargan todavía la presencia de las “peruas”, las criticadas mujeres adornadas como “arbolitos de Navidad”que brillan en las páginas de las sociales, y que a mí me encantan.

Diáspora de los cristianos nuevos, los judíos conversos, que contactan los grandes imperios de Asia: al jeque Ismael de Persia, al Gran Mogol, a los potentados indios y a Insulindia, al gran imperio de China y a la “Misteriosa Pestaña del Mundo”: el Japón. El lema que alentaba a adentrarse en los mares era Podes fisgar o Leviatão?. Los herejes llegan a los Paraísos: y el más perfecto es Brasil, con sus árboles de pan, con los arco iris y las cascadas de Minas Gerais, que enmarcaban la brutalidad del trabajo en la extracción de diamantes y oro, con una naturaleza tal como la que describen las Sagradas Escrituras. También aquí serán perseguidos y llevados a juicios, donde muchos alegatos de defensa comienzan con un : Senhores, eu vi...

Barbarismo afrancesado que adopto: flanear. Se puede por Rio por sus barrios viejos, dicen que no por São Paulo. Rio con su patrono São Sebastião, y también el otro Sebastião, el rey legendario que desaparece en el combate contra los moros en Alcácer-Quebir, y que regresará para la liberación. Una creencia que en el Nordeste medieval se sostuvo, como aquella de un Negrinho do Japão.

En portugués, léase: Nova York (Nova Iorqui), Picnic (piquiniqui), Psicologia (Pisicoloyia). Las consonantes necesitan un apoyo vocálico, fenómeno del sánscrito, el suarabácti , modalidad de epéntesis que consiste en deshacer un grupo de consonantes por intercalación de una vocal.

Pexote, título de la película de Héctor Babenco, cineasta argentino radicado en Brasil. Trata sobre un menino de rua y su carrera en la delincuencia y la marginalidad. Pexote o su variante pixote, del chino pe xot “não sei”, expresión de juego usado en Macau, Asia. Dícese del novato, inexperto, o de aquel que juega mal. Etimología y acepción tomadas del Aurélio, el diccionario más ameno que yo conozca.

Cheiro, gesto de amor en Brasil. Oler a quien se va a besar o abrazar. Demostración de sensualidad tomada de los chinos. Aspiración del aroma del cuello, muy practicado también al alzar a bebés o niños.

¿Práctica de Vudu Zen entre los esclavos africanos de Brasil?

Para la firma de Tratados con países occidentales, durante la modernización de la época Meiji, había interés en mostrar a Japón como un país “cristiano”, y por eso el historiador Kunitake Kume, en 1903, reflotó la posibilidad de que el Nestorianismo hubiera pasado a China y luego a Japón en el siglo VIII, y que hubiera influido en Shotoku Taishi, el primer emperador legislador.

Un 26 de diciembre de 1930 un incendio destruyó la Montaña Rusa del viejo Parque Japonés, iniciando el fin a la historia de este legendario parque de diversiones porteño. Había sido inaugurado en febrero de 1911 en los terrenos de la actual Avenida del Libertador y Callao. El parque tenía dos lagos, uno grande y uno pequeño, ubicados a distinto nivel y entre los dos se levantaba una especie de monte Fujiyama atravesado por túneles en los que corría un trencito. En el Lago Grande se podía navegar en canoas que llegaban hasta la Isla de las Geishas.

Dice Haroldo de Campos: “Desde hace mucho me estoy ocupando de Hagoromo (ver en A Operação do Texto, Perspectiva, 1976, mi ensayo dedicado al asunto, cuya primera redacción remonta a 1960). Desde los años 57-58, en que me inicié en la lengua japonesa, por intermedio de las lecciones del recordado Prof. José Sant’Anna do Carmo, empecé a alimentar el proyecto de recrear esta pieza poema. En 1969, traduje el “Canto final del coro” (kiri), deslindando laboriosamente el texto original confrontado con varias traducciones disponibles. Fue ese fragmento el que, posteriormente, dediqué a Hélio Oiticica, haciendo una comparación entre el hagoromo de la ninfa celeste y sus parangolés . Además de las cartas que intercambiamos en esa época, las impresiones de Hélio, inspiradas por este paralelo, están registradas entusiastamente en su diario neoyorquino (1973), que pude revisar gracias a Luciano Figueiredo, curador del acervo del artista. Hélio llegó a imaginar la posibilidad de una parangoplay (parangopeça) ... En 1979, por otra parte, la fusión hagoromo / parangolé me inspiró un poema (“Parafernalia para Hélio Oiticica”) incluido en el guión del film H.O, de Ivan Cardoso, homenaje a nuestro inolvidable amigo.”

En su tercer viaje Gulliver llega, a bordo del Amboyna, a Japón, una de las “más remotas naciones del mundo”, y desembarca en Nangasac (Nagasaki).

Daigaku Horiguchi (1892-1982) fue un poeta japonés que a partir de 1918 y durante seis años vivió en Rio de Janeiro, donde inició su vasta traducción de la poesía francesa. Su antología Guekka no ichigun (Un rebaño bajo la luna, 1925), incluyó 340 poemas de 66 poetas franceses, entre otros, Baudelaire, Verlaine, Mallarmé, Rimbaud, Paul Fargue, Rémy de Gourmont, Apollinaire, Salmon, Cocteau, Valery y Max Jacob. El libro tuvo un impacto enorme.
Estos dos poemas fueron tomados de Un rebaño bajo el sol, antología traducida por Atsuko Tanabe (+) y Sergio Mondragón (Universidad Autónoma Metropolitana, México, 1988).

Rio de Janeiro

Ebrio, ebrio, ebrio
Está el paisaje nocturno de Rio.
En medio del negro cielo
La Vía Láctea desnuda es una diosa recostada.
-Dispénseme, pero hace tanto calor.
Una procesión de antorchas avanza misteriosamente
Por la orilla de Bahía Bela.
Unas almas bailan sobre la cuerda floja
Tendida sobre el Pan de Azúcar.
¡Aplausos, por favor, si lo logran!
¿Qué estará lavando el mar a estas horas?
Sobre la tierra firme levantan las palmeras como
Inmóviles gendarmes
Hieren la oscuridad los dientes blancos de bellísimas negras
De un cabaret atestado de humo y música
Sale la luna con la cara roja
Sube tambaleándose sobre el mar que espejea.

Tierra natal

Cuando regreso a mi país natal
Me vuelvo un vagabundo solitario.
Ah, quién me consolará en esta tristeza.
Ya siento mi tierra como una tierra extraña.


Atsuko Tanabe pasó sus últimos años en Rosarito, el pueblo donde se filmó Titanic, escribía una novela sobre la familia. Me decía: “todas son como una sopa espesa, hundes el cucharón y cada vez aparecen cosas nuevas que no imaginabas”. Atesoro dos cartas de Ryoshiro, su marido. Homenaje a nuestra bella ausente.
En 1986, el bailarín de teatro-danza Butoh, Ohno Kazuo, presentó en el Teatro San Martín, su espectáculo “Admirando a la Argentina”. Antonia Mercé con su danza flamenca había subyugado al joven Ohno, espectador en el Teatro Imperial de Tokio, en 1929. Cincuenta y siete años después, Ohno recibe un chal como presente de la familia de la bailarina, y repitiendo el gesto shamánico de las danzarinas religiosas de los templos, viste la prenda y convoca a su musa.
Breve arte de amar en lengua japonesa: antes, “te amo” se decía suki (eu gosto de você), ahora ai shite imasu. Ai (amor) es una palabra de la posguerra de 1945. Yo, palabra que designa la relación entre un hombre y una mujer, entonces, desconocimiento del otro sexo (yo o shiranu), su conocimiento (yo o shiru).
Las cuatro fuentes de dolor para el Budismo son: nacimiento, vejez, enfermedad y muerte, a las cuales se agregan: la angustia de estar separado de quienes se ama (aibetsuri-ku), la extenuación por tener que estar con quien se odia (onzoe-ku), la frustración por no obtener lo que se anhela (gufuto-ku) y el sufrimiento que obstaculiza las cinco funciones del cuerpo, la mente y el entorno (goonjo-ku).
Sentimiento materno: kanashi , la compasión, lo que siente la madre al ver a su hijo recién nacido.
Boy friend y girl friend son los amigos con quienes hay un flirt: que no ha de concretarse nunca en una consumación que arruine el encanto de lo indefinido, o que resuelva el desconcierto de quienes observan de afuera y se preguntan ¿y ellos qué son? Love (Rabu) es el amor platónico, también sin consumación carnal, un suspiro que se prolongue como una vita nuova. Traducciones del inglés conceptualizadas a la japonesa. Su ideóloga más exitosa: Banana Yoshimoto y su teoría de la tenderness, ¿otro modo de la compasión budista en versión posmoderna?

Desconcierto por la operación de Marco Polo: se puede partir de Venecia y llegar caminando a Oriente. Pero luego los relatos resultarán inverosímiles.

Papeles picados que adornan los dinteles de los restaurantes, vendedoras que defilan el pollo cocido con las manos, el traje de la china poblana con sus encajes, la leyenda de la china que fingió un ataque místico para hacerse monja y protegerse en los claustros de Puebla. La nave de Acapulco y la entrada de Oriente desde el Pacífico. México, con sus colores, es mi India.

Sesión de cuentos de fantasmas: cada uno, una noche de verano, en rueda ante una vela encendida. Al terminar su relato, cada participante debe soplar su vela. Al final todo queda a oscuras. Los oyentes transpiran de calor y miedo, y eso refresca sus cuerpos. Alberto Laiseca cumplió su ciclo de relatos de fantasmas y terror, en versión porteña, bajo un ventilador de techo. Invariablemente, al finalizar el encuentro, algo sucede: una brisa repentina se levanta, un pájaro nocturno gime, una voz lejana se hace presente.

De Vincent van Gogh a su hermano Theo: “Ahora sí sabes lo que es una “mousmée” (lo sabrás cuando hayas leído Madame Chrysanthème de Loti). Acabo de pintar una. Una mousmée es una muchacha japonesa – en mi caso provenzal – de doce a catorce años”.

7.18.2009

Portugues de Brasil, alla cerca y hace tiempo, nota publicada en revista negra 6, Buenos Aires, Argentina

Portugués de Brasil: allá cerca y hace tiempo.
Por Amalia Sato

Sin hacerse notar, camufladas, van entrando expresiones en la conversación de todos los días: todo bien, cómo va, preconcepto, me cayó la ficha, se me hizo un blanco, en el día a día. Y dicen que en el sur de Brasil algunos usan el vou ir. Contaminaciones que entran en el lábil campo del “portuñol”, un anónimo work in progress cultural. Un cruce entre lenguas que podría interpretarse también como efecto de una “memoria filológica instantánea”, o sea, más que como un proceso a futuro como muchos lo ven - temerosos por la corrección en medio de los contactos Mercosur-, como una posibilidad de réplicas latentes.

El espontáneo portuñol podría pensarse así como una puesta en juego de posibilidades que se fueron borrando o definiendo en direcciones diversas. Por ejemplo, la palabra “todavía” existía en portugués con el mismo sentido que en español (ahora significa “sin embargo, pero”, la palabra “tomara” (expresión de deseo en portugués) existía en el español antiguo, el “ojalá” español, de raíz musulmana, existe en el portugués con sentido religioso; la proliferación de pronombres que tanto sorprende a los brasileños, los “se lo, nos los, me las, etc”, había llegado a una fusión en portugués “lho, lha, etc.” que cayó en desuso pero que había avanzado un paso más allá.…

Y de revisar los datos de los contactos en un paneo vertiginoso por cuatro siglos, uno se deparará con sorpresas, revisando sin prejuicios, comprobando que no todo se ordenó desde las metrópolis. La diáspora obligada de cristianos nuevos a partir del siglo XVI los llevó en las naves portuguesas hacia los grandes imperios de Asia, con su límite en la misteriosa Pestaña del Mundo, como llamaban a Japón, y en el XVII hacia Brasil, en un proceso globalizador tan inédito, que todavía el fado llora la muerte de ese reino cuyos marineros eran arengados desde las proas con un “Buscad al Leviatán”.

Los pueblos ibéricos, agentes de la revolución mercantil, desencadenadores de la primera ruptura efectiva del feudalismo europeo en un torbellino que continentalizaría dos lenguas y daría lugar al mestizaje, surcaron el planeta. Así, las islas Azores eran un reservorio humano de donde provino buena parte de los pobladores de Brasil que ya tenían una lengua isleña híbrida “crioula”- se llaman así las lenguas generadas a partir de contactos comerciales, conformadas por necesidad, improvisadas y transmitidas por generaciones -. (Aclaremos que el término que es elogioso en el español argentino tiene una potencia inesperada en portugués, originado del portugués criadouro -transformado en boca de los esclavos negros-, pues abarca estos significados: animal nacido en nuestro poder, el esclavo nacido y criado en casa del señor, el esclavo nacido en las colonias en oposición al importado, el modo de hablar de las colonias en oposición al de la metrópoli).

Haciendo a un lado los prejuicios, se destacan la creatividad, la simplificación poética, la capacidad metafórica, visual, onomatopéyica de los “iletrados”. El lingüista alemán Rodolfo Lenz era un apasionado por el papiamento, el criollo-español de la isla de Curazao – derivado del portugués de los esclavos, así como lo era el habla con que en Surinam (Guayana Holandesa) se comunicaban los saramacanos (negros libres que se fugaban a los bosques). Si se agrega el dato de que la lengua general del Brasil durante la colonia fue hasta el siglo XVIII el tupi, empleado en la vida cotidiana hasta comienzos del siglo XIX, y que ahora sólo se conserva en el Amazonas, y este otro hecho: que el portugués era usado como lengua general en las costas de África y que ya conformaba un habla criolla que se expandió a las colonias españolas, francesas e inglesas, o que los negros malés que llegaban a Bahía eran musulmanes letrados, el mapa adquiere una complejidad necesaria. Sin olvidar a Goa, la dorada capital del imperio portugués de Oriente en India durante los siglos XVI y XVII, donde también los cafres de Mozambique contribuyeron a un portugués crioulo. Y hay ejemplos de otros híbridos en todas las geografías, como el sabir, habla de la Edad Media que permitía la comunicación de cristianos, turcos y árabes; o el chinook, que con base en lenguas aborígenes, comunicaba a ingleses y franceses con los habitantes de Alaska – . Lenguas de emergencia, improvisadas sobre la marcha. Inasibles.
Prueba de la fertilidad que el concepto de alteridades despierta, el año pasado se exhibió una muestra denominada Portuñol, coordinada por Ivana Martínez Vollaro junto con la Fundación Centro de Estudos Brasileiros, y la respuesta a la convocatoria que se lanzó por cadena de mail no pudo ser más fructífera: 122 artistas y laicos respondieron enviando trabajos de lo más diversos. Remeras, afiches, diarios de viaje, poemas, revistas como La Grieta, Grumo, Tse Tse y Vereda Brasil, mapas brasileños, objetos de culto, recetas de cocina, esculturas de arena, un morro de hielo teñido de verde, un metegol con sus veinte muñequitos, diez Maradona y diez Pelé, una bandera fusión bordada para un imaginario país “el Argensil”, etc, etc. En fin, la palabra que tanto escozor provoca a quienes aspiran a un bilingüismo sin deslices desde dos culturas tan diferentes, resultó en el caso de esta muestra, y desde experiencias totalmente conscientes de la diferencia, el detonante de trabajos que nacieron del más puro placer. El error tomado desde su costado lúdico, la mezcla asumida desde la más democrática paridad, la “gastada” poetizada desde la ternura. La vacilación, la tensión, la ilusión y el estereotipo asumidos desde el humor. En fin, el guiño bipartito sobre los malentendidos, lanzado al ping pong poético más imprevisible.

Y para contribuir y concluir estos apuntes: si hubiera derecho a voto, como lo tienen los académicos, seguramente serían bienvenidas nuevas expresiones metafóricas de las que abundan en el portugués: ¿qué tal, qué rasgar de sedas (que rasgação de sedas) por tirarse flores, papagaio de pirata por cholulo, tevé de cachorro por spiedo, criado mudo por mesita de luz, lombriguento para insaciable, el buey mugiendo (o bói berrando) por carne casi cruda?. Más, para una lengua plegadiza, doble, devoración poética de cruces culturales. Lo cierto es que muta sola, para nuestra sorpresa. Continuará.

7.06.2009

cajon de sastre. evaristo cultural. columna de amalia sato

De notas en cuadernos, de copiar de libros ajenos o en bibliotecas, o de los propios el subrayado entusiasta, hoy, y en exclusiva para Evaristo, notas auxiliares para citar sujetos en sus coordenadas, para que se reproduzcan los satori de la información menos esperada en el momento exacto.

Por esos entretiens sur toutes choses, gusto por lo múltiple y la diferencia, prueba de que se ha vivido la experiencia del mundo como repertorio inabarcable e insospechado, que mi amigo Setsuo Harakawa de la ciudad de Kobe ejerce como exquisito oficiante en el arte de la cordialidad: superficialidad/ cuidar la superficie, siempre.

El 5 de marzo de 1944 Georges Bataille plantea su posición sobre el tema del pecado ante un grupo de selectos oyentes. Klossowski marca que para GB no ser culpable es no ser en absoluto, porque ser sin culpa es no gastar. Hyppolite señala que lo grave no es el pecado sino la mediocridad, que no es ni la gracia ni el pecado. Adamov se sorprende con la entonación propia, que traduce una experiencia personal…Para Jean Michel Vappereau, espíritus esclarecidos que siempre estuvieron criticando lo que todavía estaban aprendiendo, que no vieron cómo se impuso el reino del Sujeto de la Ciencia. No podíamos pensar Ese Crimen. Todavía pensamos como antes, tranquilizadoramente, como antes. Veo en los corredores del subte los afiches del Museo del Holocausto en Buenos Aires. La última imagen que uno se lleva del Museo de Nagasaki es la del niño fotografiado por Joe O’Donnell “Niño en el crematorio de Nagasaki”, un cuadrito pequeño justo antes de la salida, enfrente del mostrador de venta de souvenirs. El fotógrafo reportero disparó y después entendió, y sólo pudo asistir mudo a la escena. Busquen en internet: allí está todo.

Gonza, un muchacho de Satsuma (en la isla de Kyushu) naufraga con toda la tripulación de un barco japonés en el cabo Lopatka. Los cosacos los matan a todos, menos a él y a un compañero mayor llamado Soza. Los llevan ante la emperatriz Ana en San Petersburgo, y los bautizan Cósimo y Damián. Se les enseña ruso, lengua que llegan a dominar a la perfección. En 1736 se crea la primera escuela de idioma japonés, a instancias de Andrei Bogdanov, un bibliotecario muy sabio, y los jóvenes japoneses son los maestros. También otros náufragos son recibidos como instructores. Gonza, quien escribió varios libros de enseñanza, transcribiendo al cirílico el alfabeto japonés, muere a los 21 años.

Entre 1977 y 1983 entre trece y veinte japoneses jóvenes fueron secuestrados por espías de Corea del Norte, y llevados al continente para que enseñaran la lengua y la cultura japonesas, o para robarles su identidad. Una de las secuestradas fue Megumi Yokota, de 13 años, que volvía de una práctica deportiva de su colegio. Dicen que murió pero que tuvo una hija. Solamente cinco de los secuestrados regresaron. Soyichi Moto es el autor de un manga sobre la historia de la niña Megumi. El primer ministro Koizumi tuvo la tardía confirmación del destino de estos desaparecidos, víctimas absurdas, pocos años antes de esta época de saturación de información y circulación de datos.

Me impresionó el escritorio de Lafcadio Hearn, una mesa con patas muy largas, y una silla acorde, para facilitarle la lectura: tener los papeles casi pegados a los ojos. Lafcadio siempre retratado de perfil, homenajeado en todas las ciudades donde residió, casi ciego, profesor de inglés, al rescate de las tradiciones, de los cuentos de fantasmas. La devoción de su mujer, Setsu Koizumi divorciada, abandonada por su primer marido y que le dio tres varones y una hija. Y en el memorial de la ciudad de Matsue, el recuerdo a su amigo Sentaro Nishida que muere tan joven a los 36 años.

El onnagata, el actor mujer, más famoso de Japón, Bando Tamasaburo entra en escena y yo lo veo desde el paraíso. La cola del kimono serpentea, y cuando toma asiento la tela queda ordenada como un platito perfecto. Algunos hombres lanzan con su voz espléndida los kakego, los gritos de aliento, son los kuro (los fans, los conocedores), y lo hacen en el momento preciso, haciendo vibrar la sala. Tamasaburo tiene sus más de 50 años y continúa preservando la “flor” de su encanto.

¿Entrada japoniste al paladar? Siempre Francia y así lo dice Michel Onfray en La razón del gourmet, en traducción de Víctor Goldstein: “La Nouvelle Cuisine se hace cargo de esta expulsión de las autoridades antiguas, quiere disipar la sombra de los comendadores que impiden la creación, la innovación. (…) A este compromiso hético, que también es ético, la NC también añade una preocupación de poetización de las fórmulas, en ocasiones hasta el exceso; (…) la orientalización de las referencias, tanto en el uso de las especias como en las cocciones, donde el vapor seco y el agua inducen prácticas del casi nada; (…). La cocina dejó de ser exclusivamente un asunto de burgueses que se alimentan para convertirse en una estética total, un pretexto para experimentar el gusto en el júbilo, una ocasión hedonista.”

El deseo de renovación en el lenguaje poético, inaugurado por Ezra Pound, heredero de las libretas de notas de Ernest Fenollosa. Pound, y que sintetiza sus fuentes de renovación orientales, diciendo “Whistler y los japoneses”, aplica el recurso (tomado de los apuntes de Fenollosa) de superponer distintas imágenes. Transcribo este relato (casi un haibun/ensayo haikai): Hace tres años en París, salía del subte en la estación La Concorde, y de pronto vi un bello rostro y luego otro y otro… y busqué durante todo el día palabras para lo que eso había significado para mí… y esa noche… encontré repentinamente la expresión… no en palabras sino en súbitos manchones de color. Fue eso –una pauta (pattern) o casi una pauta, si por eso entendemos algo con una repetición. Pero fue para mí el comienzo de un nuevo lenguaje en color: The apparition of these faces in a crowd/ Petals on a wet, black bough (La aparición de estos rostros en la multitud/Pétalos en una húmeda, negra rama)

cajon de sastre. evaristo cultural. columna por amalia sato

De anotaciones sin fecha, de copiar de libros prestados para evitar el subrayado inconveniente, datos para crear coordenadas que permitan pensar a Japón, la Pestaña del Mundo tal como los portugueses veían a esas islas, como una factoría de recursos inesperados.


Uno camina por los corredores del subterráneo de Tokio y aparece en los afiches o en las hojas de publicidad que se recogen al paso la figura de la actriz Yoshinaga Sayuri, con su kimono, su rostro maduro apacible y bello, un remanso para la mirada de los sayuristas, su legión de admiradores. Una puntuación del bello Japón, una señal de la obsesión con la tradición. En los 70, la campaña Discover Japan fue lanzada por la empresa publicitaria Dentsu, copiada de la invitación norteamericana a Discover America. Y los turistas locales se lanzaron a recorrer el país para ubicarse en el mismo lugar que Hokusai ante sus vistas. En 1980 fue el turno de Exotic Japan y las visitas al Monte Koya, el santuario en medio de las montañas y los bosques, y la música de Kitaro que evocaba el Camino de la Seda, con el consiguiente éxito de los festivales chinos de Nagasaki y Kioto. Ni qué decir de la ropa negra de Kawakubo Rei y Yamamoto Yohji (Comme des Garcons) que evocaba a los monjes y sus túnicas. Esa misma década vio también el auge del Neo Japanesque, una alusión al Japonisme francés, recreado en productos “nostalgia” que imitaban la estética de la época Taisho y Showa. Todo va sedimentando en capas, y la multitud de viajeros, la mayoría estudiantes o grupos de jubilados, pueden hacer ahora cualquiera de los recorridos que van quedando propuestos como programas permanentes.

Duda. ¿Los grandes ojos en el manga en esos personajes alados con la belleza noble: son la ampliación del ojo occidental o la pupila budista que se abre a un mundo de revelaciones, o ambas?

Los lectores más desesperados: los trabajadores asalariados que vienen del campo en la posguerra a trabajar en las grandes ciudades de Japón y que no tienen amistades, ni dinero para ir al cine, leen tres libros por día, unos cien al mes, tomados de librerías de préstamo o devorados de pie en la operación tachiyomi (leer de pie en las tiendas sin recibir ninguna sanción de los vendedores).

Las máquinas hanbaiki, expendedoras de bebidas frías y calientes, o de cigarrillos, presentes por todas las calles, andenes y en los más apartados caminos, siempre impecables, impersonales, dando el vuelto exacto. No es elegante reponer la mercadería o retirar el dinero a la vista de los transeúntes. Quienes las explotan, generalmente los que viven cerca o las tienen en sus veredas, se ocupan de ellas en horarios insólitos cuando nadie puede verlos alterando la presencia impoluta de la máquina, que es un símbolo casi de la disponibilidad eterna. Kyoichi Kitayama en su novela Funadorimade les asigna un papel clave e inquietante.

Japón anticipando el futuro, el bullying (el acoso emocional) al que recién se le pone nombre en nuestro medio, ya existía como el ijime (el acoso, sobre todo escolar) que tantas víctimas produjo: niños débiles emocionales llevados al suicidio por el reiterado ataque de los compañeros, a veces solapado (hacer el vacío, la mirada desdeñosa), a veces público (las formas más crueles de humillación), y el duelo de sus madres que gritan desesperadas su rabia ante la escuela o la casa de los agresores. Tratados, especialistas, una sociología mediática que lo usa como explicación de crímenes (junto con la conducta hikikomori, vivir encerrado). Ahora con la crisis, una nueva conducta empieza a expandirse: adultos sin trabajo que vuelven a vivir con sus padres ancianos, y que al morir éstos, ocultan sus cuerpos para poder seguir cobrando sus jubilaciones o pensiones, muchas veces con la anuencia de sus progenitores en una suerte de amor y protección más allá de la muerte (recuerdo El sonido de la montaña, la novela de Kawabata que inicia su reflexión sobre la vejez, y uno de cuyos temas era el límite de la responsabilidad de los padres hacia los hijos adultos). Una conducta todavía sin nombre pero que se va reiterando, y que puede llegar a expandirse como recurso ante el negro panorama económico con que nos amenazan. Con el aumento de “solteros parásitos” de mediana edad, los casos se volverán cada vez más comunes, y con seguridad habrá un espectacular aumento de solteros adultos indigentes huérfanos. ¡Otro escenario posible de la tan mentada crisis financiera mundial con que nos amenazan!

Dos palabras de un japanglish mediático: EDUTAINING (educar entreteniendo) y NOMUNICATION (comunicarse bebiendo alcohol).

Eijanaika, así se denominaban movimientos de masas en éxtasis que se orquestaban cada sesenta años durante la época feudal. Miles de personas recorrían los caminos y entraban en las casas donde se apropiaban de comida y bebida, copulando, danzando, cantando, con una conciencia de una emergencia o fin de algo, el último tuvo lugar en 1867, adelantado en dos años (algunos sugieren que organizado por los enemigos del shogunato) y condujo a las masas hacia el santuario de Ise, donde decían que estaban cayendo amuletos del cielo. Hay una película de Shohei Imamura de 1981 que toma el tema, su título en español queda traducido por ¿Qué más da?, o ¿Por qué no? ….

cajon de sastre. evaristo cultural. columna por Amalia Sato

De notas en cuadernos, de copiar de libros ajenos o en bibliotecas, o de los propios para evitar el subrayado entusiasta, hoy, y en exclusiva para Evaristo, notas auxiliares para airear el namedropping, para colaborar en la insinuación de una cita erudita, para ayudar a instalar con un levantamiento de cejas o el susurro adecuado la inquietud por cierta información en esas causeries iniciadas en un sillón que se hunde en el aparte de una fiesta, e interrumpidas y nunca retomadas cuando uno/a se levanta para buscar otra copa.

Por los aventureros parásitos del siglo XVIII que recorren Europa de un extremo a otro, y que se sienten en casa en todas partes, que a veces bordan en los salones, que asumen también la causa de las mujeres, y que aman el marco vegetal y enredado de ciertos encuentros.


En el teatro Noh, el teatro japonés clásico de las máscaras y los fantasmas, para que los golpes de los pies resuenen de un modo especial hay jarras de arcilla enterradas en los bordes del escenario, tanto en el principal como en el puente. La posición y el ángulo según el cual están enterradas, es un secreto celosamente guardado por los carpinteros (ahora se emplean conos de arena).

La salsa de soja (shoyu) era exportada a Europa desde la isla de Dejima (Nagasaki) por los holandeses. Dicho sea de paso, una isla artificial con unas tres cuadras de profundidad, separada por un canal de dos metros de ancho de tierra firme, con forma de abanico, con su aduana, su juzgado, sus casas pintadas de verde y con muebles occidentales, hoy reconstruida, donde se puede adquirir el perfume Madame Butterfly, y donde reaparecen personajes de esos tiempos, apretando un botón que los trae a la vida en forma de hologramas que avanzan y se plantan ante el visitante en tamaño natural. Volvemos, la técnica de fermentación desarrollada en el período Muromachi mejoraba la herencia de la salsa china. Como era tan caro el shoyu, los pobres seguían condimentando con miso (pasta fermentada de soja) y recién en el siglo XIX la salsa se hizo popular. Los holandeses intentaron copiar la fórmula pero no lo lograron. L’ Enclyclopédie (Diderot!) la cita y también Engelbert Kaempfer (1651-1716) un médico que estuvo en Japón.

Un grupo de pintores de Nueva York y Boston, autodenominados The Ten, admiradores de Japón y los impresionistas, formaron “The Tile Club”en 1877, el Club del Azulejo, que los reunía para comer y pintar azulejos. Luego, las muestras, los regalos a los amigos, la multiplicación de lo pequeño.

Rostro: desnudez humana que puede adoptar una apariencia, pero siempre a punto de despojarse de las mentiras y de las formas; debilidad, petición, ya mendicidad, pero también una extraña autoridad, desarmada pero imperativa, que me interpela a mí, responsable de esta miseria y que, eventualmente me ordena ponerme, identidad pura e imposible, al servicio de lo verdadero. Fuera del sujeto, Emmanuel Levinas.

Arte de la geisha, (geisha no sólo mujer sino alguien que representa). Arte nunca explícito. Como mariposas, todavía perseguidas en Kioto por las cámaras digitales de los turistas. Pasitos rápidos, la cara enharinada, aparecer para desaparecer. La puesta en escena, siempre elusiva. Cualidad iki, ideal moral y estético de la época Edo: saber exactamente qué grado de despliegue erótico es oportuno para combinarlo con el más alto nivel de gusto. Mostrarse como una teatralidad en acción, usar el artificio para no mostrar aspectos desagradables, representar sólo lo elegido. Como vivir y dormir delante de un espejo.

Para los caminantes en ciertas escenas callejeras que van mascullando. “Aquella enfermedad de los monjes medievales que, cansados de tanto rito mecanizado y tantos rezos no atendidos por nadie, empezaron a blasfemar, la acedia.”( cito de la novela de Carlos Heitor Cony, Antes, o verão)

Hasta el siglo XIII beber té era un acto medicinal. A partir del XVI tan esencial se volvió el rito de tomarlo que había que ser original en el modo de implementar la ceremonia: por ejemplo, los potes de cerámica -donde los más humildes guardaban su té de cebada perfumado con soja en polvo – se convirtieron en objetos muy codiciados por los teístas conocedores. La historia más famosa la protagonizó una pequeña vasija de cerámica roja con una banda negra brillante chorreada que rodeaba la boca, pertenencia de una campesina, que fue comprada por un samurai de bajo rango, llamado Inazu Chubei, y que inició una cadena de venta con cotizaciones cada vez más altas, para terminar bautizada como “Hitoyo” (Rareza) y venerada con bolsita de brocado y tapa de marfil como un ejemplo de esa belleza, resultado de una creación accidental, y que se convierte en bello objeto fascinante.

El caso de Abe Sada escandalizó en 1936 a la sociedad japonesa. Una mujer de mediana edad mata a su amante estrangulándolo y luego le secciona pene y testículos. Fue un episodio crucial en el desarrollo de la conciencia sexual de Japón, que dejó en claro ante el público que las mujeres tenían deseo sexual. Sada anduvo a la deriva por Tokio durante cuatro días hasta que la arrestaron. Lo notable es que todo Japón sintió simpatía por ella y que, una vez que cumplió la sentencia y se reintegró a la sociedad, representó su propio papel en obras de teatro basadas en su historia. El film de Nagisa Oshima, “El imperio de los sentidos”, le quita los tonos conmovedores para leerla como una devoradora de hombres. Japan review dixit en 1998, número 10.

El 26 de diciembre de 1930 se incendió el viejo Parque Japonés, que se había inaugurado en 1911 en terrenos del actual cruce de Avenida del Libertador y Callao en la ciudad de Buenos Aires. Ese día los empleados se habían retirado a almorzar. Los elefantes, del Circo de Berlín que se presentaba en esos días, enloquecieron, la Montaña Rusa de más de cien metros de largo se consumió. Tres años después lo cerraron. Y desapareció así una de las mayores atracciones de Buenos Aires, proyecto del Alfredo Zucker, un ingeniero alemán. ¿Quién podrá comentarnos de los dos lagos ubicados a distinto nivel y separados por un Monte Fuji, atravesado por túneles por los que corría un trencito? ¿Y de las canoas que llegaban hasta la isla de las Geishas?

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De notas en cuadernos, de copiar de libros ajenos o en bibliotecas, o de los propios el subrayado entusiasta, hoy, y en exclusiva para Evaristo, más nombres, esenciales para sentir el mundo como un cruce de destinos generosos.

Para Alejandro Ros, hoy, por su devoción, de artista, por la obra del maestro de ikebana Nakagawa Yukio.

* A los cuarenta años, Yoshida Kenko (1383-1352) se retiró del mundo, y escribió Tsurezuregusa (Ensayos ociosos). Sospechamos que no vivió en una estricta santurronería (quienes se hacían monjes o monjas en realidad lo que hacían era manifestar ante los demás que el ejercicio de la sexualidad no era ya central en sus vidas). “Por más que descuelle en todo, un hombre que no guste del amor será alguien desolador: una preciosa taza a la que le faltaría el fondo. Humedecer los vestidos con el rocío de la noche, no saber adónde dirigir sus pasos vagabundos, perder la paz del corazón, tener el espíritu turbado por mil contratiempos y además y muy a menudo, solitario en el lecho, no poder conciliar el sueño, ¿no es esto la sal de la vida? Pasión de amor, digo, por cierto que tus raíces son profundas y tus fuentes lejanas… el deseo de la carne es lo único difícil de destruir en viejos y jóvenes, sabios y simples, todos son iguales.” Uno de los libros más reverenciados por los japoneses: al correr del pincel digresiones sobre la impermanencia, a la manera de Sei Shonagon en El Libro de la almohada, pero con otra melancolía.
* Si pienso en sushi, de inmediato me acuerdo del cuento de la escritora Kanoko Okamoto, traducido por Atsuko Tanabe, la amiga inolvidable. Un niño muy sensible y extraño, lleno de mañas para comer, que sólo chupa galletas saladas y que es el heredero de una familia de abolengo, aprende a disfrutar de la comida con los sushi que le prepara su madre. Las bolitas de arroz avinagrado coronadas con pescado, huevo, calamar, en una puesta en escena de jugar a la cocinita.
A propósito de comida, otra escena: en un relato digno de ser filmado, (Fushinchu, En construcción), Mori Ogai, un escritor de la modernización Meiji - cuando Japón se atraganta absorbiendo los modos occidentales - sitúa un encuentro amoroso entre funcionario japonés y una joven actriz alemana, en un hotel donde todo se ve fuera de escala, por la incongruencia de la decoración; y los protagonistas saborean en esa cita tensa uno de los manjares más caros en las islas, (todavía hoy en día), melón con jerez

* Haroldo de Campos y Tomie Ohtake, poeta brasileño y grabadora japonesa paulista, unidos en la producción de Yugen (Misterio), el diario de viaje de Haroldo por Japón. El prólogo y un poema.

este libro es un vuelo, un entrevuelo. imágenes y palabras se entrecapullan y se liberan como (de las crisálidas) mariposas de alas levísimas que se convirtiesen en hojas y cayesen, que se convirtiesen en pétalos y se despetalasen, se convirtiesen en seda y se deshiciesen en los hilos voladores de un intermitente poema caligráfico. los colores son palabras, las palabras colores. oriente despunta en la garganta del pájaro. las palabras son pictogramas y gorjean. el trazo del pincel es un iris de soplos que susurra bermellones, amarillos, naranjas, cinabrios, hace oír una flauta de oro o un pífano de rubí mientras, entre gestos de lila y verde-hoja, redoblan velados tonos de gris y ónix. la pintora y el poeta contemplan el corazón canoro de la palabra color. aleteos: un vuelo. este libro.

GENJI MONOGATARI
bajo la luna
de agosto
del año 1004
lady murasaki
escribió aquí
las historias de Genji

usted puede verla
resplandor de seda
kimono blanco
violeta y verde
en el acto de:

mujer-mariposa
posada en el borde
de su tintero

* Nakagawa Yukio, maestro de un ikebana heterodoxo. En estos últimos años, sus trabajos por fin lograron también la consagratoria lectura de la crítica extranjera: en 1998, al ver en París las fotografías de sus arreglos florales, exhibidas en una pequeña sala en penumbra en la Fondation Cartier para el Arte Contemporáneo, Manon Blanchette se pasmó ante su tratamiento de la materia vegetal con señuelos que jugaban con los límites de la interpretación y las adquisiciones culturales, travistiendo sin pudor la materia vegetal. En 2000 Nakagawa formó parte de la delegación a la Bienal de Shanghai. Para la Trienal de Echigo Tsumari de 2003 en Niigata (Japón), realizó el 18 de mayo un pre-evento que denominó “Dispersión de flores” y que consistía en el lanzamiento aéreo, desde un helicóptero, de los pétalos de 200.000 tulipanes sobre el verde resplandeciente de una pradera a lo largo del río Shinano; una acción que no se suspendería por lluvia y que contó con los también veteranísimos danzarines Butoh, Ohno Kazuo y Ohno Yoshito (padre e hijo, a quienes Buenos Aires conoció en 1986), bailando en las orillas bajo la colorida ducha floral.
En sus dos últimas exhibiciones de 2000 presentó, en la Galería Isogaya, una instalación de flores fotografiadas en una rápida corriente del río Nakatsu en Kanagawa, y en el Ginza Art Space, un homenaje al poeta Shuzo Takiguchi (1903-79) el introductor del surrealismo, materializado en media docena de olivos que se enseñoreaban del espacio de la galería, con sus raíces envueltas en arpillera y equilibrados entre un montón de tubos de goma pintados. Años atrás, a Takiguchi que se negaba a escribirle una presentación, pues aducía que no le interesaba el ikebana, lo había conquistado por sorpresa con una de sus prácticas recurrentes: amasar y aplastar centenares de flores y comprimirlas dentro de recipientes de vidrio boca abajo; el crítico vio cómo sobre su escritorio, en el blanco papel washi donde se apoyaba el recipiente, se iba diseñando algo con el líquido de 900 flores ahogadas, que se desangraban con la carnadura de un Soutine en una acción sádica y sacrificial – apuntó perturbado – con un efecto inédito. Final de la historia: Takiguchi pidió la gracia de seis meses de contemplación e, inspirado en un texto de Zeami sobre teatro Noh (el Fushikaden del siglo XV) redactó su ensayo “Reflexiones sobre las flores mareadas”. Para honrar la memoria de su amigo, Nakagawa se trasladó a la isla Shodo para elegir los olivos, y expuso como parte de la muestra las fotografías de su viaje.

Cajon de sastre. Columna en evaristo cultural, por Amalia Sato

EVARISTO cultural 7


De palabras garabateadas con apuro, de notas en cuadernos que no me resigno a eliminar, tres nombres de mujer para lanzar como botellas al mar que aviven la curiosidad más que centenaria por Japón, con un telón de fondo de enormes neones borrosos en un día de lluvia. ,
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Higuchi Ichiyo (1872-1896), una de las figuras más queridas de la literatura japonesa, su Memorial en el barrio próximo al antiguo barrio de placer de Yoshiwara donde trabajó ayudando en la costura a su madre –recibiendo los kimono de las geisha vecinas -, enfrente una placita con juegos decorados con imágenes de sus cuentos: el muchacho jinrikisha (hombre bicicleta) despidiéndose de su amiga de infancia, casada y en buena posición, y niños de ese barrio todavía hoy humilde jugando al sol. En su retrato más conocido aparece con un kimono a rayas, el cabello tirante recogido, la cara seria, afilada. Su breve vida es un compendio de los padecimientos de una familia descendiente de samurai en medio de veinte años de cambios radicales. La primera escritora reconocida después del glorioso siglo X con su gineceo literario en la Corte. La nueva Murasaki o la Saikaku mujer le decían con adulación que la indignaba. Ogai, que era líder indiscutido del mundo literario acompañó su entierro a caballo vestido con un espléndido uniforme. Reflejó esa transición que descubrió la modernidad y que llamamos adolescencia, casi una metáfora del rito de pasaje que estaba sufriendo el propio Japón con su copia incesante de los modelos europeos. El estilo Ichiyo incorpora magistralmente la retórica poética de las antologías imperiales, y de la narrativa de la Corte, así como la gracia y la sabiduría popular de los relatos del siglo XVII, la inspiración tomada de los libros para llorar de Edo, para dar testimonio de la mutabilidad de los lazos humanos.

Hacia 1600 aparecen compañías de muchachas con dotes casi circenses, que visten como hombres y llevan el cabello corto. La más célebre de estas danzarinas, Izumo Okuni, se mostraba a orillas del río Kamo. Su actitud desafiante se caracterizó con el término kabuku, el cual designaba la capacidad de ser excéntrico, licencioso, tener gusto por lo insólito o lo erótico, y la marcha inclinada, torcida, contoneándose. Muchos individuos con esta filosofía de vida, los kabukimono, se agrupaban en bandas vistiendo de modo llamativo, posando con petulancia, ostentando sables exageradamente largos, entremezclando hebras de colores en su cabellera. Uno de los cabecillas más conspicuos, Oshima Ippei, había escrito en la hoja de su espada: “¿Acaso ya no he vivido demasiado para mis 25 años?”. Una estatua homenajea a la mítica Okuni en Kioto, a orillas del río, embellecida femeninamente, con un abanico, una figura airosa y delgada, un gesto de danza gracioso. La encontré como yo la imagino navegando por internet, con bigotes de cristiano pintados (¿con el típico carboncillo?) y un rosario colgando de un cinto como dictaba la moda del momento, y creo haber reconocido su espíritu en varias ciudades de Japón, en los grupos de jovencitas adolescentes que se desplazan en grupo muertas de risa en medio de las muchedumbres, concentradas en su mundo, conscientes de su desplazamiento impertinente y feliz.

El mismo año que muere Ozu, el director para quien fuera la representación misma de ese eterno femenino denominado “yamato nadeshiko”, se retira de la vida pública. Setsuko Hara, la Virgen Eterna, la Garbo del cine japonés, la dama de los ojos enormes que inspira a Satoshi Kon en su film de animación Millenium Actress. Dicen que permanece como monja de clausura residiendo en un templo en Kamakura, ya octogenaria. Para el ideal patriarcal es la bella perfecta, tan suave como la flor de nadeshiko (Dianthus Superbus). Su vida estuvo signada por extraños avatares: el más tremendo, la muerte de su hermano mayor cameraman ante sus ojos, durante una filmación, le provocó una impresión tan terrible que padeció cataratas y tuvo que dejar de trabajar en el momento de esplendor de su hermosura. Como hija soltera que elige seguir con el padre anciano, o como la nuera admirada y preferida a la propia descendencia, roles que cumplió con matices sutilísimos, haciendo pareja con su colega Chishu Ryu, en esas historias donde después de la hecatombe se disparan preguntas para reinventar otra posibilidad de humanismo.