12.16.2011

Festival Increíble 17/12

Mañana participamos del Festival increíble con Al oído, Ricardito y los cuentos japoneses, a partir de las 15hs.

12.12.2011

Presentacion de tokonoma 15

“…Oh la palabra oh de la iglesia oval cerrada en un énclave turquesa de colinas suaves regazo-de doncella verde teatro de azules moradoclaros …”
Haroldo de Campos Galaxias

A mediados de marzo debí suspender mi viaje a Japón.
Apelar a la estrechez de cualquier comparación, referirme a un viaje deseado que debí suspender experimentando lo que no tengo forma de nombrar ni creo que la tenga, eso, no quiero. Sería tensar el ombligo de un cordón a estirar, exprimir; escanear el pasado hasta que asome sin sombrero ni guantes, eso, no puedo.
Necesito poner biombos al NO, desviar, derivar, venir a hoy, no ser vencida por la lluvia –aludo al poema de Miyazawa Kenji que podrán leer en el texto HONNE y TATEMAE de Mariana Trigo Viera.
Si imaginara un espectáculo para este instante, no sabría si elegir marionetas, sones de chamisen o preferiría escuchar a todo volumen el canto ficticio de Hatsune Miku, la muñeca holográfica, acompañada por la transparencia de un billete de 10 centavos de yen conmemorando la inauguración del monumento minuciosamente descripto en “ocho rincones, un solo techo” por Guillermo Quartucci.
Me limitaré a transmitirles un sentir que alude a algo más que al querer mordido o al cero de poder. Del Japón literario, cinematográfico, teatral, político, creí atesorar modos, cierta filosofía en la que lo acontecido puede ser soportado aun cuando por su magnitud sea forzadamente indigerible. Tuve y tengo esa impresión muy presente, se abrió en abanico mi idea sobre ese país lejano al cual prefiero referirme en términos de Alberto Silva, decir simplemente creo estar más próxima a los “diversos japones que coexisten en Japón” que si hubiera viajado, atravesado ríos, montañas sutiles, tomado trenes, dormido en pequeñas y grandes urbes .Vi la transformación del movimiento en pausa y la calma en torbellino. Sí, desde Argentina aspiré contradicciones, también el rumor de lo sagrado en detalles humanos diminutos, inmensos, constantes de una dignidad inolvidable. Perdida en un siglo y encontrada en otro anterior y posterior, tartamudeo con emoción el abismo entre lo que no fue y la aventura de estar con ustedes aquí, ver el número quince de Tokonoma, leer las historias que 38 palabras japonesas dispararon en nosotros. Treinta y ocho brotes, ficciones gestadas en la acrobacia de una palpitante comunión; recortes, miradas, minúsculos fragmentos virtuales de verdad. Textos amorosamente agrupados por Amalia Sato en siete paneles: RYODO: Territorios, BUTAICA: Puestas, SINWASO: Mitemas, NIN-I: Disposiciones, SAYU NO MEI: Divisas, GENRI: Principios, CHUDAN: Suspensiones.
Esperen un momento, por favor = CHOTO MATTE KUDASAI . Esa es la frase que Héctor Pavón desgrana. Un despliegue condensado de atenta espera con sonoridad variable. Oportuno giro de la orden al ruego.
Así como IMIN = inmigrantes, forma parte de la historia familiar de María Eugenia Onaha, la primera palabra en japonés escuchada por Daniel Molina fue IKIRU = vivir.
Me gustaría ver las fotografías de Guillermo Ueno, conocer su estilo de engañar al ENRYÓ, contagiarme el fuera de foco de su “modestia” sabia en velar maravillas.
OMISOKA = Noche vieja o magia del recuerdo de la lengua -Natalia Méndez. En qué lengua estoy entreverada, se pregunta Susana Swarc mientras escribe una carta a nadie -a todos- desde el puerto de KOBE.
Contingencia y repetición, Luisa Valenzuela y Virginia Meza -seguramente sin mediar acuerdo alguno- coincidieron en la misma palabra: MA. Una manera de nombrar “El concepto imaginario, la ausencia activa” y “Espacio vacío” -divisas de traducción. Dos maneras de jugar creativamente con la idea y la cantidad de expresiones que contienen esas dos letras.
Beso la mano de Atsuko Tanabe escribiendo HAHA NO SHI y HAHA NO IEDE = La muerte de mi madre y Mi madre abandona el hogar. Poemas traducidos por Amalia Sato en los que hay desolación, tristeza, también un dolor generoso que -en la línea de Anna Ajmátowa- atrapa lo imposible.


Liliana Heer
Galeria "Hoy en el arte", Buenos Aires, Argentina
Martes 6 de diciembre de 2011








Mi historia con el Kamishibai

Por Amalia Sato

Había una caja en mi familia, la usábamos para narrar las historias de láminas originales japonesas. En los cumpleaños algunas amigas me la pedían para animar las reuniones, siempre despertando curiosidad. Recuerdo funciones públicas en el Jardín japonés, en el espacio Giesso con las chicas de Zapatos Rojos en una deliciosa velada japonesa. Pero el boom vino en 2006, cuando gracias a una invitación de Lidia Blanco y el Centro Cultural de España se hizo un ciclo en la calle Paraná. Fue fundamental el trabajo del grupo inicial de artistas que se entusiasmaron y lograron transmitir su alegría, dibujando y redactando historias especialmente pensadas para el formato Kamishibai. Encontramos también carpinteros artesanos que reprodujeron la caja exactamente con sus puertas y la aleta superior que da profundidad. Creo que ya están circulando más de 60 cajas, a las que les hemos perdido la pista. Todo creciendo como una mancha de aceite o de tinta china en expansión constante.

El público es siempre una sorpresa, mientras en Japón era un teatro destinado a los niños, vemos que muchas veces son aquí los adultos los que se entregan al encanto del relato y el deslizarse de las láminas. Creo que es la conjunción del dibujo con el relato oral, un género que hasta se empleaba en la prédica religiosa en Japón, lo que fascina al público, que debe concentrar su vista en un escenario tan especial. Los talleres de Kamishibai que desarrollan los amigos, ver instalada la palabra con tanta naturalidad (como sushi, ikebana y tantos etc.), y sobre todo comprobar cómo el objeto caja genera tanto deseo deben considerarse un fenómeno en nuestro medio cultural, siempre ávido de novedades y de experimentaciones.

http://clubkamishibai.blogspot.com/

Nota publicada en el diario Página 12 / Las 12 (9 de Diciembre 2011)

link nota


12.06.2011

Hoy! presentación de Tokonoma 15

Presentación de Tokonoma 15
El martes 6 de diciembre a partir de las 18.30 hs en Hoy en el Arte Galería, Juncal 848, Buenos Aires, Argentina.
Con palabras de Liliana Heer en una mesaengalanada por origamis de Masao.
Los esperamos a todos
Amalia Sato




11.21.2011

Tokonoma 15

38 textos x 38 palabras japonesas

Nada sabe la creación artística de géneros, cánones, formalizaciones (esos son los dilemas de los funcionarios); al modo del éxito, las profecías o las vanguardias, florecen en forma tan furtiva como efímera, a posteriori. Acaso por ello la revista Tokonoma en general, y su edición n°15 de este año 2011 en particular, rebasa con mesura la nomenclatura literaria. Pues, como no es escritor todo aquel que escribe, la escritura misma deja de ser exclusivo coto de caza de los literatos toda vez que el género, el canon, la formalización, el éxito, la vanguardia, la profecía, deja de estar en el horizonte de quien escribe. Entonces hay artista. También en la eficacia del siempre distinto diseño de tapa del enorme Alejandro Ros, en la brillante diagramación de Nicolás Prior o en la elección de los ideogramas por parte de Mami Goda.

En Tokonoma se trata de escritura; podría consistir en cualquier otro soporte material, pero Amalia Sato, su editora (fundadora, artífice, anfitriona), persevera desde las letras, desde aquel número inaugural en 1994. Tal como había desafiado en la edición anterior, en la presente una palabra japonesa dispara cada texto, en el que “el campo semántico que se desplegó esta vez está atravesado por un tono, una veladura especial”: la del sismo que azotó esas islas a comienzos de marzo último. Eco, sombra o referencia, Japón se sugiere, persiste, se instala.

De allí que la edición 2011 se despliegue a partir de nomenclaturas que oscilan entre la alusión y la epifanía; las secciones del n°15 remiten a Territorios, Puestas, Mitemas, Disposiciones, Divisas, Principios y Suspensiones. Unas reúnen apenas un par de textos mientras que otras una decena: arbitrios de la creación, azares de la edición, persistencia “en la circulación de nombres imprevistos, textos necesarios y protectoras presencias inolvidables. De eso se trata”.

Autores

Marcelo G. Higa, Guillermo Quartucci, Dina Roisman, Juan Forn, Alberto Silva, Liliana Lukin, Mariano Pedrosa, Claudio Pérez, Liliana Heer, Jorge Pinedo, Guillermo Saccomanno, Nélida Hiroko Nakamura, Eleonora Biaiñ, Daniel Molina, María Eugenia Onaha, Susana Szwarc, Anna-Kazumi Stahl, Guillermo Ueno, Héctor Pavón, Mariana Trigo Viera, Luisa Valenzuela, Virginia Meza, Takayoshi Makino, Ana Marta Mangione, Mami Goda, Sumika Kawakubo, Cecilia Onaha, Sergio Pángaro, Diego Posadas, Gabriel Tosar, Atsuko Tanabe, Nicolás Peyceré, Diego Bentivegna, Alicia Silva Rey, Natalia Méndez, Roberto Joaldo de Carvalho y Solange Firmino, María Eva Blotta, Mercedes Roffé.

Sumario

TERRITORIOS / 領土 / ryōdo//1. YAMAWARAU 山笑う. por Marcelo G. Higa/ 2. HAKKÔ ICHIU 八紘一宇. Ocho rincones, un solo techo por Guillermo Quartucci/ 3. JUHYOU 樹氷 Monstruos de nieve por Dina Roisman/ NEMURU ONNA WO MITSUMENAGARA 眠る女を見つめながらMirando dormir a una mujer por Juan Forn/ 5. FUKUSHIMA / por Alberto Silva// PUESTAS / 舞台化 butaika. SHINTAI NO IKIKI /身体の行き来 Sobre el tránsito de los cuerpos por Liliana Lukin/ 7. GEISHAS / 芸者 por Mariano Pedrosa/ 8. TAIFUU / 台風 Tifón por Claudio Pérez/ 9. BUNRAKU / 文楽 por Liliana Heer/ 10.KAGAMI NASHI /鏡なしSin Espejos por Jorge Pinedo// MITEMAS / 神話素 / shinwaso./ 11. JUDO / 柔道 por Guillermo Saccomanno/ 12. SHASHIN / 写真 por Nélida Hiroko Nakamura/ 13. SAKURA / Cerezo / I´ve got you under my skin (Cole Porter) por Eleonora Biaiñ/ 14. IKIRU /生きる Vivir por Daniel Molina/ 15. IMIN / 移民 Inmigrantes. Historias mínimas de inmigración por María Eugenia Onaha/ 16. KOBE / 神戸市 por Susana Szwarc/ 17. ZASHIKI-WARASHI / 座敷童 El niño tatami por Anna-Kazumi Stahl// DISPOSICIONES / 任意 nin-i/ 18. ENRYÓ / 遠慮 Modestia por Guillermo Ueno/ 19. CHOTTO MATTE KUDASAI / ちょっと待ってください Espere un poquito por favor por Héctor Pavón// DIVISAS / 座右の銘 / zayū no mei/ 20. HONNE y TATEMAE / 本音と建前 Interior y exterior por Mariana Trigo Viera/ 21. MA / El concepto imaginario, la ausencia activa por Luisa Valenzuela/ 22. MA / Espacio vacío por Virginia Meza/ 23. KIGO NO SHOUCHU 季語の小宇宙 Microcosmos del Kigo por Takayoshi Makino/ 24. BUSHIDO / 武士道 Camino del guerrero por Ana Marta Mangione/

25. MONO / Cosas por Mami Goda/ 26. SAKURA ZENSEN / 桜前線 Frente de cerezos por Sumika Kawakubo/ 27. RISSHIN SHUSSE /立身出世Éxito en la vida por Cecilia Onaha//PRINCIPIOS / 原理 / genri /28. TWITTKU / ツイート句p por Sergio Pángaro/ 29. 5/7/5 por Diego Posadas// SUSPENSIONES / 中断 / chūdan/ 30. ZAFU /座布 Almohadón por Gabriel Tosar/ 31. ATSUKO TANABE / 田辺敦子 Poemas por Atsuko Tanabe/ 32. TENNIN / 天人 La ninfa celestial por Nicolás Peyceré/ 33. HIMITSU NO MURE / 秘密の群れ Rebaño místico por Diego Bentivegna/ 34. SHIBUI / 渋い Lo austero por Alicia Silva Rey/ 35. OMISOKA / 大晦日 Nochevieja por Natalia Méndez/ 36. UMAREKAWATTA IKAROSU /生まれ変わったイカロス Ícaro ressurreto por Roberto Joaldo de Carvalho y Solange Firmino/ 37. CHIKURIN / 竹林 Bambuzal por María Eva Blotta/ 38. TOOROO NAGASHI / 灯篭流し Las linternas flotantes por Mercedes Roffé .

11.07.2011

Reseña en Tiempo Argentino


Instrucciones para abrir un libro
por Mónica López Ocón

Con textos de Amalia Sato, dibujos de Nicolás Prior y traducción de Mami Goda, esta hermosa edición bilingüe español-japonés de cuentos tradicionales permite que chicos y grandes se acerquen a través de la literatura a una cultura y una lengua lejanas.

Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia los libros se abren haciendo que su tapa superior se eleve y describa un ángulo de 180º desplazándose hacia la izquierda… Pese al comienzo tan cortazariano de esta nota, no se trata aquí de reescribir las famosas instrucciones de Julio Cortázar para subir una escalera, cantar, llorar o darle cuerda al reloj porque todas esas acciones, con ligeras variantes, son universales. Abrir un libro, en cambio, no lo es. Bien lo demuestra Cuentos japoneses para niños que, para ser abierto, necesita una aclaración para occidentales. En efecto, hay que abrirlo hacia la derecha “como es usual en Japón”, según se indica en la contratapa, es decir, en lo que para los japoneses es la contratapa y para nosotros, la tapa.
Una vez resuelta esta diferencia, si se tiene la perseverancia de seguir girando las páginas hacia la derecha, el libro de cuentos japoneses con ilustraciones de Nicolás Prior, textos de Amalia Sato y traducción al japonés de Mami Goda, se disfruta como cualquier buen volumen de cuentos porque, a diferencia del sentido de la apertura de los libros, el placer de la lectura es universal.
Tal como se advierte en la contratapa japonesa que es la tapa occidental, a los lectores “los esperan estatuas agradecidas, un muchacho que viaja al fondo del mar sobre el lomo de una tortuga, un valiente y empeñoso jovencito de sólo tres centímetros de altura, una princesa llegada de la luna.”
Los cuentos tradicionales están narrados según las versiones más populares. La edición es bilingüe, es decir que los relatos están en español y en japonés. La versión japonesa, a su vez, está escrita con los típicos ideogramas (kanji) acompañados por su lectura fonética (furigana). En la parte interior de la contratapa (bueno, ya no hace falta explicar la relatividad cultural del término) hay un silabario Hiragana. “Los lectores que se animen a leer el texto en japonés –se explica en español– pueden consultar este silabario.”
Queda claro entonces que el libro “está dedicado especialmente a los estudiosos y amantes de la lengua japonesa”. Pero aunque no se especifica en el texto, también queda claro que este pequeño volumen –que tiene la forma apaisada de los tradicionales libros de cómic y cuyas ilustraciones tienen ese sabor especial de los dibujos más viejos del género– es una buena forma de comenzar a conocer y amar esa lengua lejana. Para los chicos, destinatarios declarados de este puñado de cuentos, será una buena forma de comenzar a atisbar la vastedad del mundo, de empezar a sospechar el carácter convencional del signo lingüístico, que hace ya tanto tiempo fue enunciado explícitamente por Ferdinand de Saussure, y de entrar en contacto con una cultura diferente. Introducirse en una cultura diferente equivale a descubrir un mundo nuevo y a sacudirse esa certeza infantil que tanta gente arrastra hasta su vida adulta de que hay una forma “normal”, una manera “natural” de hacer las cosas que, paradójicamente, es la que le impuso su propia cultura.
Estos cuentos japoneses fueron publicados por el sello Series Tokonoma. Nicolás Prior, su diseñador e ilustrador, es diseñador gráfico y ha realizado diversos trabajos, como la ilustración de la novela de Laura Ramos Diario íntimo de una niña anticuada, de la tapa de Río, un CD de La Portuaria y de diversos suplementos para chicos de Página 12.
Amalia Sato, egresada de la carrera de Letras, es sansei, es decir, segunda generación de descendientes de japoneses nacida en la Argentina. Su abuelo japonés llegó a Perú en 1908. Entre sus múltiples traducciones del japonés se cuenta El libro de la Almohada, de Sei Shonagon (Adriana Hidalgo, 2000). Es, además la editora de la revista literaria Tokonoma.
Mami Goda tradujo al japonés los cuentos que Sato versionó en español. Entre otras cosas, es la responsable del proyecto, Washi, luz y color, que convocó a 30 reconocidos artistas para realizar un objeto lumínico con papel Washi, que proviene de la provincia de Shikoku, Japón.
Ellos tres son la garantía de la calidad literaria y de edición de este libro. Para decirlo con una expresión bien argentina, ellos garantizan que estos cuentos japoneses para niños no son en absoluto un cuento chino.

6 de Noviembre de 2011

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10.28.2011

Puntos de venta

Finalmente tenemos la alegría de poder presentar después de tanto tiempo, este libro de cuentos tradicionales japoneses que cuenta con la adaptación de los textos por Amalia Sato, la traducción de Mami Goda y las ilustraciones de Nicolás Prior. Salío editado por el sello Series Tokonoma, es una edición bilingüe ideal para los interesados en la cultura japonesa, el texto en japonés se puede leer tanto en kanji como furigana. Les muestro a modo de adelanto la tapa y un par de dibujos del interior.
Por el momento esta sólo a la venta en capital, en breve el libro tendrá una mayor distribución.

ALMAGRO

Espacio Moebius
,
Bulnes 658
Tel.: (005411) 4866 6960
Lun a Sab 13 a 20 hs

http://www.moebiuseditora.com/

BELGRANO

Entelequia
. (Sucursal Belgrano)
Juramento 2584
Tel.: (005411) 4788-4521
belgrano@entelequia.com.ar

http://www.entelequiaonline.com.ar/

Cabildo Comic Store
(kiosko).
Av. Cabildo 2124

Libreria PAN

Echeverría 2576, Local 16, Buenos Aires
Mart a Sab 15.30 a 20 hs
info@panlibros.com.ar
http://www.panlibros.com.ar/

BOEDO

El gato escaldado
Av. Independencia 3548
lun a vier de 10 a 13 y de 15:30 a 20
sáb de 10 a 14

http://elgatoescaldado.com.ar/


CENTRO

Entelequia
. (Sucursal Centro)
Uruguay 341
Tel.: (005411) 4371-2007


RECOLETA

Club del Comic

Marcelo T.Alvear 2002 (esquina Ayacucho)
Tel.: (005411)
4966-1748
local@clubdelcomic.com.ar
http://www.clubdelcomic.com.ar/


Gracias!
NP.

9.15.2011

Presentación del libro



Viernes 23 de Septiembre
Presentación del libro ¨ Cuentos Japoneses para Niños¨ ilustrados por Nicolás Prior, versionados en castellano por Amalia Sato, a cargo de la traducción al japonés de Mami Goda, con los ideogramas (kanji), acompañados de su lectura fonética (furigama).

Presentarán Sergio Pángaro y Adriana Vázquez con palabras y un recital de canciones japonesas.
Gracias, los esperamos!

A las 19.30, en la Casa de la Lectura, Lavalleja 924, Villa Crespo. Teléfono: 5197-5476

9.12.2011

El pequeño Japón ilustrado


las12

Viernes, 9 de septiembre de 2011

VISTO Y LEIDO

Para chicos y chicas de cualquier edad, cuentos populares japoneses que despliegan tradición mientras abren la puerta a los hábitos, los modos de ver el mundo y la literatura.

Por Jorge Pinedo

Nicolás Prior. Amalia Sato, Mami Goda
Series Tokonoma

Buenos Aires, 2011
102 págs.

Al revés de lo que estilan las publicaciones occidentales, este libro se abre hacia la derecha, con lo que la convencional contratapa pasa a ser la tapa. Pues así ocurre en la lengua japonesa y nada resulta más apropiado a fin de abordar un universo donde aguardan “estatuas agradecidas, un muchacho que viaja al fondo del mar sobre el lomo de una tortuga, un valiente y empeñoso jovencito de sólo tres centímetros de altura, una princesa llegada de la luna”.

Ilustrado con medio centenar de dibujos originales surgidos de la virtuosa pluma de Nicolás Prior, los cuatro Cuentos Japoneses para Niños que componen esta primera entrega han sido versionados en castellano por Amalia Sato, respetando la cadencia de esas narraciones tradicionales. La traducción al japonés de esta edición bilingüe, a cargo de Mami Goda, permite tanto el regocijo de los estudiosos de esa lengua como la aproximación al arte de los ideogramas (kanji), acompañados de su lectura fonética (furigama), lo que habilita a los audaces intentar leerlo como si supieran el idioma original.

Una edición apaisada que evoca las historietas de antaño se torna particularmente apta para el despliegue gráfico de figuras a la vez sutiles y contundentes, capaces de escoltar la cadencia de un relato fluido. Narraciones que, en efecto, en momento alguno escatiman belleza ni dramatismo, se dirigen a un lector de cualquier edad, inteligente y ávido. Detalle que se agradece, en especial con relación al común de las publicaciones encuadradas dentro del dudoso género “infantil”, como si fuera un seudópodo perdido en el traquetear de la literatura, que hubiera ido a parar a un país de idiotas.

Muy por el contrario, Cuentos japoneses... son ante todo y primero, eso: cuentos. Sostenidos en una tradición literaria que antecede por mucho al momento en que en éste flamante continente alguien balbuceara las primeras letras. Que estos relatos provengan, además, de una peculiar cultura popular los aparta del riesgo de que, por ser dedicados a los niños, se tornen infantiles, pediátricos. Relatos inscriptos en el centro de una tradición literaria que hace de la metáfora, síntesis y de la imagen, estilo; privilegia la estética de una cadencia narrativa que se refleje en la emoción que (para los conocedores) porta el ideograma y se potencia en las ilustraciones de Nicolás Prior, conmovedoras hasta para las sensibilidades urbanas.

Prolijas notas al final de cada cuento brindan una información adicional que instala el contexto, las particularidades y circunstancias con las que cada relato ha circulado en forma oral por obra de los kataribe (contadores de historias) o bien en versiones escritas desde hace, por lo menos, diez siglos. Forma literaria que, al comprenderlas, excede las clasificaciones, encierra una poética fundacional, capaz de evolucionar en las letras y en la gráfica hacia manifestaciones tan disímiles como la shunga (iconografía erótica), el haiku, el kamishibai (teatro de papel), el manga y el animé, entre tantas otras.

link

8.26.2011

Fotos del libro







Muchas gracias a Emiliano Ocantos por haber sacado estas fotos del libro. Para ver más fotos y trabajos de Emiliano entren en www.emilianoocantos.com.ar


8.12.2011

Cuentos japoneses para chicos Vol.I










Finalmente tenemos la alegría de poder presentar después de tanto tiempo, este libro de cuentos tradicionales japoneses que con la adaptación de los textos por Amalia Sato, la traducción de Mami Goda y las ilustraciones de Nicolás Prior. Salío editado por el sello Series Tokonoma, es una edición bilingüe ideal para los interesados en la cultura japonesa, el texto en japonés se puede leer tanto en kanji como furigana. Les muestro a modo de adelanto la tapa y un par de dibujos del interior.
Por el momento esta sólo a la venta en capital, en breve el libro tendrá una mayor distribución.

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Bulnes 658, Almagro, Bs As Teléfono: (+54 11 4866 6960)
Lun a Sab 13 a 20 hs

http://www.moebiuseditora.com/

Gracias!
NP.

6.23.2011

Homenaje a Mary Tapia, gran creadora de la moda argentina, fallecida el 10 de junio de 2011.

A Mary Tapia, in memoriam
Por Amalia Sato

Desde el triste viernes 10 y en desorden se suceden imágenes, con el mismo timing dramático que Mary sabía dar a sus relatos, las manos gesticulando, la carcajada como comienzo y cierre, la urgencia y picardía de la confesión y el testimonio sin retaceos: el legendario vestido de barracán que Romero Brest elogia en el di Tella asegurando “esto es una obra de arte” y el recuerdo de su muestra en Casa del Bicentenario; la exposición en el Malba con los vestidos formando una doble hilera de gala; la caja con fotos de sus desfiles pioneros; los gritos de alegría y el “ya vas a ver” al recibir unos pequeños prendedores-flor de ciruelo de tela rellena adorno de kimono y Mary volviendo de su cuarto taller con una caja repleta de las mismas flores en versión tela vernácula, que estaba experimentando: coincidencia en el sabio conocimiento del material; sus pequeñas obras maestras: los broches con telas triangulares superpuestas, en gamas imperiales, o las calas-pin con tallo de terciopelo y copa de tul, o los prendedores-carita o sea damas de rostro redondo pintado, tocadas con velos y sombreritos, o arropadas con cuellos y bufandas que hacían imaginar un ensemble invisible maravilloso, y la alegría de quienes portaban esta bijouterie de tela; la colección de ponchos-pashmina-capa desplegada sobre los sofás de su sala y el asombro de las deseantes de esas piezas únicas, hechas con prendas antiguas, realzado su trajinar vital con bordados, apliques, bordes, que los transforman en el toque refinado de una corte imaginaria; las cenas acompañadas de buen vino y los platos donde se conjugan los sabores en abanico, que resguardan a la anfitriona de un servicio complicado y de interrumpir la charla siempre interesante; el orgullo de la artífice al abrir su armario espejado-probador y permitir que sus visitas modelen y prueben tapados, sacones, trajecitos, vestidos, que inevitablemente las conduce a una señorial gestualidad dandy al levantar cuellos, arremangar puños, demorar una abrochadura de botones, para observar y disfrutar de forros en contrastes de color o textura inesperados, o de martingalas, tablas y pliegues estructurando una elegancia única de factura impecable.
El jueves a la noche, en la conversación por teléfono eran la alegría por cuidar a su adorada nieta Lucía la noche del viernes, el deseo de ir concretando un viaje al Norte en busca de más ponchos nobles pues en su transformación alquímica era la prenda más codiciada, las ganas de una exposición el Museo Evita, y también las ganas de retomar la idea de un libro sobre su obra y persona.
Del cuaderno de tapas duras caligrafiado con su nombre, donde desde 2007 quedaron intercalados papeles, un borrador de una carta redactado por Mary y que hasta ahora no se presentó: “… ha llegado el momento, después de 40 años, de convertir mi trabajo en testimonio. Son innumerables los caminos para cumplir este objetivo, el que elijo para expresarme es un libro, Un libro muy especial, con detalles exquisitos de cada prenda minuciosamente fotografiados, un libro sofisticado, refinado, diferente de cualquier otro libro de arte. Los textos, de mi autoría, hilvanarán una historia: la mía con los tejidos indígenas, especialmente con el barracán –tela de telar, hilada y tejida a mano en Jujuy, a la que he honrado en mi trabajo, Hay que detenerse en la dimensión cultural que representa, en su permanencia desafiante. Identidad, moda, arte, raíces criollas, estos lemas pueden ser un incentivo para que los jóvenes aprecien los elementos propios de nuestra cultura, de nuestras raíces, y encuentren inspiración. Además, quiero aportar datos de mi recorrido y experiencias en otras áreas, como el cine, el teatro, en fin, en la vida cultural desde la década de los 60 hasta hoy, de modo que mi espíritu pionero y visionario esté presente en cada página. Que las nuevas generaciones aprecien en estas señales, en estos rastros y en las marcas de mi trabajo como creadora de ropa, la riqueza de esto tan valioso que constituye la identidad amplia, rica, de la cultura argentina, y se animen así a mirar para adentro. Acompaño esta carta con la formalidad de un curriculum y quedo a disposición para un encuentro personal, a fin de ampliar esta presentación. Eternamente agradeceré su apoyo a este proyecto, que con orgullo veremos concretado en un futuro cercano. Muchas gracias”.
Mary Tapia, talentosísima creadora tucumana, murió el 10 de junio de 2011.
Barracán, aguayo, bayeta, chiya, aho poi, chagua, buche de avestruz, picote, los tonos del nogal, algarrobo y azafrán, y el fucsia, color llamado “Maravilla” en el Norte.



Texto publicado en el número 14 de la revista tokonoma, 2010.

HIROSHIMANAGASAKI
POR Mary Tapia


La primera vez que escuché unas palabra en japonés fue un día de mi infancia, en Tucumán. Había ido al mercado con mi madre. Recuerdo que avanzábamos sobre la calle principal donde se encontraban los carros con las verduras. Vimos personas amontonadas en círculos, diarios desplegados, desazón. Parecía que se avecinaba una plaga de langostas. Mi madre se movía de un lado para el otro y yo, agarrada a su pollera con las dos manos, terminé siendo arrastrada por el piso, las piernas enredadas en la madeja del miedo. Fue entonces, entre remolinos de viento y tierra, cuando alcancé a ver las letras enormes que cubrían la primera página del diario. BOMBA, y una fotografía con un hongo de nubes blancas que tapaba el cielo. La palabra era larga pero casi puedo precisar el instante mismo en que la aprendí. Y para siempre: HIROSHIMANAGASAKI. Siento también el olor a cebollas de verdeo que había en el canasto. Y el pánico que se metió en mi cuerpo, oscuro, visceral.
- ¿Va a llegar hasta aquí la bomba?, preguntaba a cualquiera que tenía a mano. Justo cuando mi corazón estaba a punto de estallar, escuché decir:
- Es muy lejos, en otro país, la tiraron los yonis.
Creo que lo dijo un chico más grande que yo que estaba saltando con otros, coreando: HI-RO-SHI-MA-NA-GA-SA-KI-HI-RO-SHI-MA-NA-GA-SA-KI. ¡La tiraron los yonies!
-En otro continente- agregó el hombre que tenía el diario en la mano. Se inclinó hacia mí y me miró. Él también tenía miedo.


Años más tarde, cuando fui a vivir a Buenos Aires, ya convertida en una estudiante de cine, asistí al estreno de “Hiroshima mon amour”. La nouvelle vague y Cahiers du cinéma influían con toda su fuerza en nuestro apetito de conocimiento. Aquel recuerdo del 6 de agosto de 1945 apareció intacto cuando entrábamos en la sala. ¿Será por eso que me inquietó tanto la película? La vi muchas veces, hasta hoy sigue siendo mi favorita. Aprendí el guión de memoria. Compré el libro de Marguerite Duras, estudié francés, y aquellas imágenes en blanco y negro impactaron en lo más profundo de mí. El amor y el olvido, ése era el tema: hay una escena donde vemos al joven actor japonés que yace desnudo boca abajo sobre la cama con los brazos a los costados del cuerpo. Ella lo mira dormir. La cámara registra un primer plano del estremecimiento de su mano izquierda, está soñando. Luego se despierta y la mira. Se miran. Ella parece anhelante, él comienza a vestirse y le dice
- No ves que ya te estoy olvidando.
Lloro. Siempre lloro en esa parte, no lo puedo evitar.


Mary Tapia: Diseñadora de modas. Tijera de Oro y Plata 2002 a la mejor diseñadora. Premio Konex 2005.

Otra crónica de Marcelo Higa, desde Yokohama. FUKUSHIMA, junio 2011.

Fukushima
Días y noches de perplejidad y vigilia

por Marcelo G. Higa, desde Yokohama



Evento, accidente, desastre, tragedia, catástrofe, cataclismo, hecatombe, apocalipsis.
Salvo para Ireneo Funes, las palabras sirven para abstraer las particularidades en beneficio de la comunicación. Esa capacidad de representación es la que nos permite la solidaridad, y el espanto. Ahora, entre las situaciones extraordinarias y los sustantivos ordinarios, se escabullen las percepciones irregulares, los claroscuros por donde transitan los latidos y respiros del discurrir cotidiano. Desde hace semanas, Fukushima circula y se construye vía imágenes, informes, rumores, eventos solidarios y colectas. En los bordes, nosotros. Inmigrantes que, expuestos a la inusitada irradiación de los acontecimientos, tratamos de dar con los registros adecuados, descifrar las panorámicas y los ángulos, encontrar la mesura en la desmesura. En esta nota, recuerdos transitorios, apuntes fugaces de aquellos primeros días de conmoción e incertidumbre, cuando parecía que el suelo se partía debajo de nosotros y el tiempo nos acorralaba con la inclemencia de un tsunami.


Antes de que amanezca y las primeras escenas del maremoto comiencen a revelar la dimensión del cataclismo, Fukushima se convierte en el pavoroso evento que deja en vilo al país y al mundo. El anuncio es seco, conciso, atroz: “accidente nuclear”. A partir de ese momento, el cúmulo de sesenta años de temerarios discursos apocalípticos se instala en nuestro living con la ligereza de una superproducción catastrófica que nos toma de extras, rehenes despavoridos y sin parlamento.
Las réplicas del terremoto persisten y no dejan de inquietar, pero ante la inminencia de una hecatombe nuclear, sucumbir bajo los escombros resulta ahora una pavada.
* * *
En los días posteriores al terremoto, el Barrio Chino de Yokohama parece un set de película abandonado. Sin visitantes a la vista, los reflejos fantasmagóricos del neochinesco gastronómico se acentúan en la mirada solitaria de dragones, leones y dioses protectores. Un poco por prudencia y otro tanto por necesidad, la mayoría de los negocios ha dado asueto a sus empleados y mantiene las persianas bajas. El aire, ciertamente, no está para turismo.
Y si no hay clientes, tampoco hay cocineros. Vecinos recientes, muchos de los chefs y mozos chinos regresaron a su país en el primer vuelo disponible. La ida y vuelta no resulta hoy una erogación extrema y los gastos se compensan con tranquilidad. Los jet-setters clase económica de la globalidad tienen las cosas claras. Mejor, entonces, esperar en el terruño hasta que aclare.
El éxodo abarca a todo el arco de la extranjería. Narita se ha convertido en un inmenso campamento de expatriados en busca del último ticket. Algunos países han fletado aviones para que sus ciudadanos escapen antes de que la isla explote. No es la retirada norteamericana de Vietnam, pero casi. Incluso el gobierno argentino ha dispuesto medidas para resguardar la integridad de los tres mil y pico de compatriotas que residen en el país. Aunque sean pocos los afectados por el maremoto y poquísimos los residentes de las inmediaciones de la planta nuclear, la celeridad del rescate patrio convence a más de uno para cortar por lo sano y emprender el regreso.
¿Exageración? ¿Pánico? ¿Traición? ¿Mero sentido común? Lo único cierto es que no se sabe muy bien qué está ocurriendo, muchos desconfían de los informes locales y nadie quiere someterse a riesgos impredecibles. En estas circunstancias, “sálvese quien pueda” parece ser una expresión de deseo inobjetable. Los tiempos apremian y los ejercicios de ética exigen calma para su resolución.
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Los cortes de luz programados para que la red eléctrica no colapse son el primer indicio cierto de los ajustes por venir. Como los chicos que ante los viejos aparatos teléfonicos se empeñan en apretar los números del dial, en este país mucha gente nunca vivió un apagón y la repentina novedad tercermundista causa confusión. Amigos argentinos, conocedores del tema, se proveen instintivamente de velas; amigos japoneses, compran pilas para las linternas. Manifestaciones de la cultura.
El mayor impacto se ve en el funcionamiento de los trenes. Si en términos de densidad, en épocas normales a las horas pico nuestro ex Sarmiento es un bebé de pecho, la reducción de la frecuencia hace del traslado un desafío directo a las leyes de la física, y de la honorabilidad. Son 30 centímetros cuadrados para ubicar los pies y después, entregarse, dúctiles, al full contact.
Sin saber para qué lado sopla el viento, el martes 15, después de un oportuno fin de semana largo, la gente salió a trabajar con la obviedad de cada día. Inventando los medios para llegar a la oficina, algunos salieron más temprano de sus casas, otros hicieron colas larguísimas hasta encontrar ese lugar imposible en los vagones abarrotados. Inmutables, los demorados anticipaban el retraso por teléfono, pero no faltaban.
Uno, por lo general escéptico cuando se pondera la paciencia oriental, la excepcionalidad japonesa y tópicos por el estilo, no puede sino avalar la legitimidad de dichos juicios. En cuestiones de trabajo, al menos, este pueblo es definitivamente raro.
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En lo personal, los vaivenes del transporte me llegan a través del mal humor con que regresa mi mujer a casa después de la amansadora ferroviaria. Sin obligaciones laborales hasta abril, mis desplazamientos se circunscriben al ámbito doméstico y adonde me lleva la bicicleta. De modo que mi experiencia cuerpo a cuerpo de la crisis energética resulta bastante menos agotadora que la del promedio.
Como nunca me costó demasiado recluirme en casa, no vivo el momento como un encierro. Pero con las réplicas de fondo, el problema sigue siendo cómo mantener el equilibrio. En el aire se ha instalado una amenaza invisible que se renueva hora tras hora, en un libreto que mezcla ciencia ficción y comedia de enredos, con más dramatismo que gracia.
La tarea inmediata se divide entonces en transmitirle alguna contención a mi hija (que adelantó las vacaciones y tuvo que postergar su fiesta de graduación), atender las preocupaciones larga distancia de los amigos, y comerme las uñas frente al televisor. Deslucido rol en tamaña tragedia.
La costumbre de salir a dar una caminata por las noches para fumar un cigarrillo quedó momentáneamente suspendida, por la salud y por las dudas.
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El discurso oficial es previsible. La situación en la planta es grave, pero el peligro no es “inmediato”, al menos fuera del radio evacuado de 20 kilómetros. Un anillo de 10 kilómetros más ha sido declarado “zona de prevención”, donde se les pide a los habitantes que eviten hacer actividades al aire, libre. Yokohama se encuentra a unos 250 kilómetros de Fukushima. Los efectos de la radiación a esa distancia, aseguran, se mantienen dentro de niveles “seguros”.
Acostumbrados a transitar los vericuetos del discurso de la inseguridad, la declamada seguridad no deja de ser sospechosa. ¿Qué significa “seguro”? ¿Hasta cuándo se extiende lo “inmediato”? ¿Cuáles son los alcances del peligro? Son cosas que no sabemos, ni estamos capacitados para entender y mucho menos evaluar.
En este contexto, el cartel de primer mundo parece ser la garantía más firme. O sea, creer en lo que nos dicen los funcionarios y “especialistas”. Creer en la capacidad de los ingenieros del país que se enorgullece de su alta tecnología. Creer en el sacrificio de los laburantes que se exponen irremediablemente a un veneno invisible, incoloro e inodoro.
O rajarse.
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El instinto indica que hay que huir lo más lejos posible, ya.
El inmigrante tiene mucho de nómade y es de andar liviano. De mudanza en mudanza, en casa siempre hay valijas y cajas a medio hacer y deshacer. Las paredes sin cuadros son acaso el síntoma de la transitoriedad de nuestras vidas. Esa resistencia a aquerenciarse que nunca se disipa del todo.
Uno, entonces, puede irse. Cuenta con las rutas y la disposición mental para hacer los bolsos y marcharse. Es lo que imploran desde Argentina amigos y familiares. Pero, ¿puede irse?
Como los divorcios, las partidas son separaciones dramáticas cargadas de estrés. Después de todo, hemos pasado media vida acá. Lazos que no son solamente solidarios atan nuestras rutinas a lugares, relaciones y detalles que hemos laborado para dar alguna coherencia a lo que vinimos siendo. El peso de los años no es una metáfora y las salidas repentinas demandan esfuerzos extras.
Nunca antes lo había sentido así, pero ahora me parece entender un poco más la indefensión de los que debieron desterrarse de un día para el otro. Partirse para sobrevivir.
* * *
Uno somos tres. Partirnos, entonces, también, para que alguien por lo menos se salve. Pero, dado el caso, quien se salve, ¿podrá sobrevivir?
Las alternativas nos llevan al sur de Japón, a Taiwán, a Argentina. En cada lugar, cada uno tiene diferentes grados de localismo. El único territorio neutral es éste, Yokohama. Abandonar los trabajos y la escuela, aprender otro idioma, ganarse el pan, reconstruir rutinas, sobrellevar otro desarraigo, exigen decisión y coraje.
Quedarse tampoco es una opción fácil. Los riegos no se pueden medir y eso es lo más frustrante. ¿Cómo hacemos para enfrentar a este monstruo que desconocemos, y pocas herramientas tenemos para conocer? ¿Alcanzará el omnipresente “gambare” para salir de ésta? ¿Se trata de una cuestión de voluntad y esfuerzo?
¿Y nuestra hija?
* * *
La opción por la permanencia se sustenta en una deducción tan elemental como mágica. En el cinturón Tokio-Yokohama (digamos, Buenos Aires-La Plata) y alrededores viven, 35, 40 millones de personas. El gobierno actual, inmaduro, errático, sin ideas ni capacidad de gestión, no es una garantía para enfrentar la crisis. Así y todo, limitados por donde se los mire, no pueden ser tan perversos como para ocultar información crítica si existiera un riesgo, concedamos, inminente, para la población. No informan obviamente todo ni al ritmo que se desea; los intereses son mayúsculos y tratan de resguardar lo que se pueda. Pero si la omisión fuese concluyente, no habría historia universal capaz de registrar tamaña infamia.
En base a estas elucubraciones, inventamos un credo y terminamos cediendo al “wishfull thinking”. En otras palabras, creer o reventar, sin ambigüedades.
* * *
La liturgia de este credo es mínima.
Dejar un bolsito en la puerta con lo que necesitaremos el día después (radio a manivela, linterna, galletitas enlatadas, terrones de azúcar, chocolate, agua mineral, bolsitas de supermercado, pasaportes). Llenar la bañadera de agua. Colgar la ropa lavada en las habitaciones. Cerrar las ventanas. Sacudir el abrigo antes de entrar en la casa. Respirar suavecito.
El resto es espera.
* * *
Como Woody Allen en aquella película sueca de los 70, la sensación es la de estar jugando una partida de ajedrez contra la Parca. En un juego desigual, que no sólo nos exige máxima concentración, sino algo más cruel: aprender las reglas sobre la marcha. Un juego defensivo, sin opciones, en que el menor movimiento en falso puede resultar el mate definitivo.
Son días y noches en espera de la palabra bálsamo, ese anagrama esquivo, hasta erróneo, pero que por lo menos transmita algo de sosiego.
* * *
A tres meses del terremoto del 11 de marzo, finalmente, parece que nos hemos salvado. O sea, no hemos explotado. Es un avance. Pero todavía nos queda el resto de nuestras vidas para cantar piedra libre.

5.29.2011

Christine Greiner y Marco Souza, compiladores de IMAGENS DO JAPAO, editado por Annablume, con el apoyo de Japan Foundation, 2011, Sao Paulo, Brasil.

Presentamos el índice y la presentación de este interesante libro, que reúne investigaciones, intervenciones poéticas y provocaciones, editado por Annablume, con el apoyo de Fundacao Japao en Sao Paulo.


Sumário

Introdução - Christine Greiner

Parte 1 – O Japão nas Telas
Samurai Champloo: o tradicional remixado de Shinichiro Watanabe - Roberta Regalcce de Almeida
Imagens e Miragens: O Espaço na Tela e a Subjetividade do Espaço – Marco Souza
Limiar, imagem e corpo: política e estética em Ichi, o Assassino, de Takashi Miike -
André Keiji Kunigami

Parte 2 – Arte e Corpo
A História da arte é globalizada? Um comentário crítico de um ponto de vista do Extremo Oriente - Inaga Shigemi, trad. Marco Souza
Pornoerotismo e estética pop na arte japonesa – José Afonso Medeiros Souza
Orientalismos, japonismos, pós-colonialismos – o papel do corpo na arte de viver junto – Christine Greiner

Inquietações Poéticas
Butô, Kazuo Ohno, Dança Japonesa e Eu?
Letícia Sekito
HAIKU, FORMA POETICA DA MODERNIDADE
Amalia Sato


Parte 3 - O Japão no Brasil, O Brasil no Japão
A recepção dos filmes japoneses nos cinemas da Liberdade - Alexandre Kishimoto
Reinvenção do “Japão inventado”: a experiência do coletivo de artistas moyashis no Centenário da Imigração Japonesa no Brasil - Erika Kobayashi
DO KASATO MARU AO PORTO DIGITAL: AS IDENTIFICAÇÕES E A IDENTIDADE COMUNICATIVA EXPRESSAS EM BLOGS DE DEKASSEGUIS– Juliana Kiyomura
O Instituto de Moralogia: uma etnografia de sentimentos e relações - Letícia NAGAO e Ronan Alves PEREIRA


Introdução
Quando se chega ao extremo, o limite vira ponte

Nem todos sabem, mas o Brasil não possui apenas a maior colônia de imigrantes e descendentes japoneses fora do Japão, como também o maior número de pesquisadores em estudos japoneses de toda a América Latina.
Os temas pesquisados variam muito e, desde 2000, graças à proliferação de estudos (acadêmicos e artísticos) e do crescente interesse de algumas editoras, contamos com uma bibliografia bastante razoável.
O ano de 2008 foi particularmente importante devido às comemorações do centenário da imigração japonesa para o Brasil que despertou novas iniciativas, inclusive no mercado editorial. Atualmente, encontram-se entre os títulos disponíveis: traduções de obras de literatura e poesia japonesa, pesquisas desenvolvidas por brasileiros em universidades que contam com centros de estudos (japoneses, asiáticos e orientais), livros autobiográficos de imigrantes e manuais de divulgação acerca dos mais variados assuntos. Entre eles, destacam-se experiências no campo das artes do corpo, da língua e da literatura, da caligrafia, dos mangás e animês, tópicos referentes à cultura japonesa em geral, economia e negócios, audiovisual, gravuras, culinária, cerâmicas, pinturas, arranjos florais, religião e artes marciais.
Há também algumas traduções de pesquisas realizadas em outros países ocidentais sobre a cultura japonesa, mas esta tem sido uma iniciativa pontual, quase sempre promovida por professores brasileiros com recursos irrisórios, uma vez que não há apoios específicos para este tipo de projeto, o que inviabiliza, muitas vezes, a produção dos livros nas editoras universitárias. Mesmo esta coletânea está sendo viabilizada pelo esforço conjunto dos editores e colaboradores, com um orçamento mínimo, graças ao apoio da Fundação Japão de São Paulo e da editora Annablume.
Como ocorre em todos os campos de conhecimento, o aumento quantitativo da produção nem sempre atesta a sua qualidade. E especificamente no que se refere à cultura japonesa, algumas obras ainda são influenciadas por abordagens que transitam entre a fascinação e o preconceito sutil. Para aprofundar esta discussão, a tradução do texto do professor Inaga Shigemi para este volume, problematiza de maneira bastante aprofundada a questão da globalização na história da arte.
Assim, de modo geral o objetivo desta coletânea não é avaliar a produção bibliográfica dos estudos japoneses no Brasil, nem organizar um panorama das traduções da cultura e da arte japonesa. A proposta é apresentar, lado a lado, estudos originais realizados por novíssimos pesquisadores e por professores já mais experientes que observam o Japão a partir de diferentes ângulos de visão – tanto no que se refere às epistemologias escolhidas, como à sua localização geográfica, umas vez que convidamos autores de diferentes estados do Brasil e também da Argentina e do próprio Japão.
Divididos em três partes e um entreato, os textos transitam por eixos temáticos. Na primeira parte, são apresentadas experiências transculturais veiculadas através das diversas telas: o remix da série de TV Samurai Champloo de Shinichiro Watanabe (Roberta Regalcce de Almeida), as implicações estéticas e políticas do cinema de Takashi Miike (André Keiji Kunigami) e uma análise mais geral acerca da paisagem de telas do mundo atual (Marco Souza).
Na segunda parte, são apresentadas questões provocativas sobre a arte e o corpo. Os debates analisam a globalização e os modos como a história da arte vem sendo abordada (Inaga Shigemi); o pornoerotismo da arte pop (Afonso Medeiros); e a importância dos estudos do corpo na arte de viver junto (Christine Greiner).
No entreato, incluímos inquietações poéticas sobre a morte do mestre de butô Kazuo Ohno (Letícia Sekito) e o Haiku (Amalia Sato).
Na terceira e última parte, o foco são pesquisas de campo realizadas a partir das relações nipo-brasileiras como a chegada dos filmes japoneses no bairro da Liberdade (Alexandre Kishimoto); as reinvenções da arte pop e as ocupações urbanas do coletivo moyashi (Erika Kobayashi); a articulação política dos blogues dos dekasseguis (Juliana Kiyomura); e a formação da moralogia no Brasil (Letícia Nagao e Ronan Alves Pereira).
Em todos os textos e depoimentos, fica evidenciada a importância da remixagem cultural. Nas experiências mais extremas, o que poderia se configurar como um limite, finalmente, torna-se ponte para abrir novos caminhos de diálogo e convivência, colaborando, acadêmica e poeticamente, com as novas comunidades que ainda estão por vir.

Christine Greiner

4.05.2011

Marzo 2011. Crónicas de Marcelo Higa desde Yokohama

11-3- 2011: Crónica de un día agitado
por Marcelo G. Higa, desde Yokohama


En Yokohama, la ciudad donde vive el autor de esta nota, el terremoto del 11 de marzo, si bien intenso, no tuvo los efectos devastadores del maremoto que asoló a la región noreste del país. La incertidumbre desatada por el accidente de la planta nuclear de Fukushima, sin embargo, ha ampliado la geografía de la catástrofe, creando una preocupación que trasciende el marco local para convertirse en una pesadilla planetaria. A casi un mes del terremoto, la situación sigue siendo crítica y nadie se atreve a imaginar cómo será el mundo después de esto. En más de un sentido, la tragedia no ha finalizado ni lo hará por un buen tiempo. Pero, valga el lugar común, la vida continúa y es necesario ir adaptándose a las nuevas circunstancias.
El relato que sigue es el primero de una serie de notas, que desde una perspectiva doméstica, reflejarán la experiencia vivida en estas últimas semanas. Complemento, anverso o reverso de lo que los medios transmiten a diario, son observaciones personales y urgentes que intentan recuperar con los lectores algo de sosiego, en medio de tamaña convulsión, a sabiendas de la fragilidad momentánea en que se sostienen nuestras certezas.
En esta primera entrega, reseña del día del temblor.



A las 14:46 del viernes 11, la televisión transmitía una más de las siempre predecibles sesiones del parlamento japonés. ¿Qué se debatía? El partido opositor aprovechaba para presionar al gobierno a raíz de un “escándalo” que había forzado la renuncia del ministro de Asuntos Exteriores: su integridad había quedado en duda después de que se revelara que su oficina había recibido donaciones por cerca de 3000 (tres mil) dólares de una vecina coreana que lo conocía de pibe. La legislación japonesa prohíbe las donaciones políticas de extranjeros, por lo que su falta de control fue tomada como una seria negligencia. La semana anterior, el tema que había monopolizado la atención pública había sido la detención de un chico, acusado de copiarse durante el examen de ingreso a la universidad, mediante la asistencia de una red social a la que accedía con su celular. Ese era, según los medios, el tenor de las preocupaciones político-sociales que enfrentaba el país.
Entonces, de repente, la señal de alarma apareció sobre la pantalla. Bip-bip, bip-bip. Telop : “URGENTE. Terremoto. Terremoto. Busque inmediatamente refugio en un lugar seguro”. Apenas unos segundos para taparse la cabeza, abrir una puerta, o simplemente disponerse a la sacudida.
* * *
Hacía poco, un temblor había dejado el estante de libros de la habitación de mi hija bamboleante y rechinando. De modo que mi primera reacción fue levantarme para sostenerlo. Casi una rutina. Sólo que esta vez lo que debía pasar en cuestión de segundos se prolongó haciendo un desparramo en todo el departamento.
Inclinado sobre los libros, la oración pergeñada fue bastante simple: esto ya termina, ahora pasa, enseguida se va a acabar... Y, como para quitarle dramatismo a algo que debía de ser miedo, un último conjuro canchero: si me tengo que morir, no estaría mal hacerlo aplastado por una biblioteca.
Mientras tanto, detrás mío un mueble lleno de chucherías caía desparramando sobre el tatami muñequitos, caracoles, piedras, collares de fantasías, botellitas de arena, cajitas, souvenirs de todos los colores. En la entrada, la pecera atravesaba su propio tsunami arrojando el agua desbordada sobre los zapatos. El dormitorio quedaba cubierto por una alfombra de libros y papeles. Como corolario, otro bip-bip histérico empezaba a sonar advirtiendo que la puerta de la heladera había quedado abierta.
Son cuarenta, cincuenta segundos hasta que sobreviene la pausa. Recién entonces la sorpresa cede a la taquicardia. Las manos tiemblan. Éste no es un temblor más.
* * *
La televisión inmediatamente empezó a transmitir advertencias que ya no recuerdo. En esos primeros instantes, más que nunca, la pantalla es la ventana que nos posiciona en el mundo. Afuera, de algún modo, sigue habiendo algo, nos dice. O sea, no estamos alucinando; y estamos vivos. A partir de esa constatación, se disparan los temores, las dudas y las decisiones urgentes. ¿Me quedo acá o salgo del edificio? Tengo que comunicarme con mi mujer y mi hija. En Argentina, por suerte, todavía es de madrugada, ya habrá tiempo. Hasta una inquietud que parece de otro día: ¿cómo hago para arreglar todo este enchastre antes de que ellas regresen? Lo acuciante no quita lo baladí. Intuición que denuncia nuestro elemental deseo de no sucumbir.
Antes del minuto, los celulares ya no funcionan. Cierro la heladera, tiro un trapo sobre el charco de agua, recojo algunas cosas que se cayeron, y ya no sé qué más puedo hacer cuando una réplica fuerte me manda otra vez al lado de la biblioteca. Esta vez, más por cábala. Pasa; y vuelve y vuelve a pasar, sin solución de continuidad. En un intervalo, suena el teléfono. Las líneas comunes todavía no se saturaron. Es mi mujer, desde su trabajo. Alivio. El próximo paso es ir en busca de mi hija. Aprovecho una calma momentánea para bajar. Diez pisos por escalera, en picada y a los tumbos.
Son las 15:15. Todavía no hay una dimensión cabal de la tragedia; el tsunami está llegando.
* * *
La escuela de Ami está a pocas cuadras de casa, en el Barrio Chino de Yokohama. Es un viejo edificio cuya enclenque estructura antisísmica ya había dado que hablar en las reuniones de padres. No se cayó, aunque el recuerdo de algunas rajaduras resultaba tan inquietante que preferí no mirar.
En el centro del patio, los chicos y sus maestros, con lo puesto. Los más chiquitos llevaban unas bolsas acolchadas de algodón a modo de sombrero. No se percibe demasiada angustia, no hay llantos violentos, ni confusión; apenas algo de excitación por la novedad. Cada uno sabe, más o menos, cuáles son los pasos a seguir en esta situación. La previsión, normalmente rayana a lo neurótico, tuvo su justificación. Justo ese día habían tenido una práctica de evacuación de emergencia. Esta vez, la realidad se impuso sobre el simulacro.
Mi hija se alivia al verme. No se trata de una manifestación de amor filial. Tenía su llave en la mochila, que había quedado en el aula, y estaba preocupada porque no sabía cómo iba a hacer para entrar a casa. Las catástrofes tienen dimensiones propias.
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En la calle hay un gran susto y un poco de alboroto, pero no pánico. Los bomberos han llegado para fajar una casa con una gran grieta en el basamento. Más allá, los paneles de la pared del frente de otra casa han caído dejando a la vista la intimidad de sus habitantes. Algunas regalerías tiene la mercadería por el piso. Los restos de un terrible ventanal roto se bambolean con el viento. La persistencia de las réplicas empieza a preocupar, aunque, al menos en Yokohama, la escena no llega a niveles catástrofe. Por el celular, mi hija consigue mandarle un mensaje a la madre. “Estamos bien, no te preocupes”.
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Anclados en el pallier, Ami insiste en advertirle a la gente que allí se junta que el lugar de evacuación es el Parque de Yokohama. Vivimos a 300 metros de la costa y el sentido común dice que difícilmente un tsunami llegue hasta nuestro edificio. No llegó, aunque horas después nos enteraríamos de que el maremoto había superado todos los pronósticos, con los destrozos que ya conocemos.
Hacia el parque vamos, pese a mi resistencia. Sin ascensor, mejor liberar un poco de angustia caminando las siete u ocho cuadras que nos separan del sitio. El estadio de béisbol de los Yokohama Bay Stars fue abierto y por la pantalla gigante se pueden ver las últimas noticias. La gente ha salido de las oficinas con cascos de obra, frazadas y botellones de agua. Nadie sabe muy bien qué está ocurriendo. Los temblores continúan. Sentados en medio del campo, por momentos da la impresión de estar flotando sobre una balsa. Pero el cuerpo ha registrado la sacudida inicial y las réplicas posteriores parecen de poca monta.
Oscurece y empieza a lloviznar. Son cerca de las seis de la tarde. Mejor regresar ahora que está más calmo.
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Esa noche, mi mujer fue una de los tantos que tuvieron que pernoctar en sus lugares de trabajo. Se quedó en su oficina, en Shinjuku, así como muchos otros buscaron refugio en los gimnasios de las escuelas habilitados para pasar la noche. Con los trenes paralizados, miles de tokiotas se encolumnaron en largas procesiones silenciosas para hacer el trayecto a pie hasta sus casas. Los más inspirados corrieron a las bicicleterías, que agotaron el stock en minutos. La escena parece de película, aunque en el imaginario del habitante promedio no era del todo imprevista: desde hace un tiempo, una guía T para casos de emergencia (con rutas, convinience stores, baños, fuentes de agua, etcétera) es un libro de buena venta en las librerías de la ciudad. No fue el anunciado Gran Terremoto de Tokai, pero le pasó cerca.
¿Organización? ¿Previsión? ¿Resignación? ¿Urbanidad? ¿Solidaridad? ¿Paciencia? ¿Fatalismo? No se sabe muy bien. Pero esa noche, en Tokio, la gente actuó como si hubiese estado mentalmente preparada para enfrentar la desgracia que asolaba al país.
* * *
En casa, prendidos a la tele, a medida que se iban reproduciendo las imágenes, el recuerdo del día se hizo cada vez más inquietante. Intensidad 8.8 o 9.0, sin duda uno de los terremotos más graves de las historia de Japón. Uno por milenio, estiman los expertos. Sobre todo, un antes y un después definitivo para un país acostumbrado a vivir al límite de sus posibilidades.

3.30.2011

Ponencia de Cecilia Onaha, Aladaa 2011, Bogotá.

En estos días de inmenso dolor por el dolor y la preocupación en que está sumido nuestro querido Japón, publicamos esta ponencia presentada hace pocos días por Cecilia Onaha. Rogamos por que todo vuelva a la calma, por que la fragilidad del hombre pueda sostenerse otra vez sobre la fortaleza y la esperanza. Un marzo de 2011 muy triste, una inflexión impresionante con este cataclismo. La Naturaleza y el Hombre, y enfrentar interrogantes profundísimos.





LOS JAPONESES EN LA SOCIEDAD ARGENTINA.
Transformación de su imagen a lo largo del siglo XX.

Cecilia Onaha
Universidad Nacional de La Plata
conaha@gmail.com

INTRODUCCIÓN
Minoría modelo, grupo étnico de bajo perfil, trabajadores dóciles, niños disciplinados, cultura basada en la sensibilidad estética y al mismo tiempo un pueblo guerrero temible, pueblo que volcó todas sus energías en desarrollarse tecnológicamente y convertirse con ello en una potencia económica mundial. Estos son algunos de los elementos que fueron conformando la imagen del japonés y de su país, en Argentina y en muchas naciones latinoamericanas. Cómo fue que se conformó y consolidó una imagen relativamente positiva en términos de la sociedad receptora y cómo fue variando. En esta oportunidad abordaremos este proceso desde la perspectiva de la historia de la presencia japonesa en Argentina.
La primera década del siglo XX se presentaba promisoria para los japoneses que comenzaban a conocer a la Argentina, como un destino alternativo para la emigración, como un mercado para los productos japoneses. En un comienzo se trató principalmente de productos suntuarios, en un encuentro más o menos simétrico, con argentinos que visitaban Japón y japoneses que llegaban al Río de La Plata. Los primeros consumidores del arte japonés fueron miembros de familias acomodadas de la sociedad argentina, quienes en su paso por Europa, principalmente París, se encontraban con la moda del japonismo. También algunos argentinos viajaban por el mundo y así llegaban a Japón, enamorándose de su arte y vinculando así ambas culturas.
En 1910 comenzaron a surgir voces opositoras, principalmente ante la posibilidad de la promoción de inmigrantes japoneses – no así del comercio. Aquí en particular, nos interesará profundizar el por qué de que no se haya desarrollado una posición alineada a los Estados Unidos, en donde especialmente en los estados del Pacífico, al ver que se convertían en una competencia comercial amenzante comenzaron a tomar medidas de limitación de la migración asiática.
A partir de este panorama, el objetivo de este trabajo es presentar el resultado parcial del relevamiento de la documentación recopilada por la Comisión de Historia del Inmigrante Japonés en Argentina, en la búsqueda de respuesta a estos interrogantes.
La imagen desde occidente, de los japoneses, es interesantemente retratada por Rudyard Kipling, en su obra “From sea to sea. Letters of Travel”, será nuestro punto de partida para nuestra búsqueda.

Un comerciante de curiosidades se dobló por la mitad, sobre la estera de su puerta, y entré, experimentando por primera vez, la sensación de ser un bárbaro y no un auténtico sahib (amo). El lodo callejero formaba costra en mis zapatos, y él, el propietario inmaculado, me invitó a pasar sobre un suelo pulido y esteras blancas a un cuarto interior. Me trajo esterillas para los pies, lo cual aún empeoró las cosas, ya que una linda muchacha luchaba contra la risa, detrás de una mampara, mientras yo me esforzaba por calzármelas. Los tenderos japoneses no deberían ser tan limpios… Intenté una vez más consolarme pensando que podía hacer añicos la casa entera a patada limpia; pero con eso sólo conseguí sentirme grandote, tosco y sucio, y ése es un modo de sentirse muy poco favorable para regatear… Lo que quería decir era: “Mire, usted es demasiado limpio y refinado para esta vida en la tierra, y su casa no es adecuada para que un hombre viva en ellas hasta haber aprendido un montón de cosas que no me han enseñado. En consecuencia, le odio porque me siento inferior a usted y porque me desprecia, y desprecia mis zapatos, porque sabe que soy un salvaje. Deje que me vaya o le pondré por sombrero su casa de madera de cedro”. Lo que de veras dije fue: “Oh, ah sí. Realmente precioso todo esto”. Un modo realmente curioso de hacer negocios.”

ANTECEDENTES.
Los habitantes del actual territorio argentino - nativos, colonos españoles, sus descendientes, esclavos negros y comerciantes de diversos orígenes- ya a fines del siglo XVII, tuvieron oportunidad de tener contacto, con al menos, un japonés, que conocemos hoy gracias a un hecho anecdótico. La historia recogida por los miembros de la comunidad japonesa en Argentina se inicia con un primer antecedente en tiempos de la colonia. Entendemos por el relato que surge de un expediente de la Real Audiencia de Córdoba, sobre la demanda de un hombre bautizado como Francisco Xapon, el cual se señalaba llegó a estas tierras y fue vendido como esclavo en 1596 por el comerciante de esclavos Diego López de Lisboa, al sacerdote Miguel Jerónimo de Porras. En 1598 se dirimió el juicio a favor de Xapón, por lo que se deduce que fue liberado.
A partir de estos datos podemos reconstruir el perfil de este joven. Por aquellas fechas en las islas japonesas se vivían los años previos al incio del Shogunato de Tokugawa, y de la consolidación del Japón pre moderno, que aún está totalmente fragmentado. Lo bautizaron como “Francisco Xapón”, este apellido, como consta al parecer en esos documentos, por tratarse de “un esclavo de raza japonesa”, se le atribuyó, porque los miembros de estratos inferiores al de samurai no tenían derecho a portar apellido. Si tener más datos de este episodio, que consta tanto en la obra del historiador argentino Carlos Assadourian como en el de Hidemasa Maki , podemos inferir que se trataba de una persona con gran determinación frente a esa terrible situación y debe haber dejado en las autoridades locales seguramente el sello de su encuentro.
En 1639 el shogunato establece la medida de “sakoku” o cierre del país, medida que podrá ser sostenida hasta 1853. Si bien no significó nunca el cierre total, el hecho es que los contactos con el exterior estuvieron monopolizados por las autoridades shogunales o de los daimyo con autorizaciones especiales. También el contrabando – especialmente a través de la frontera norte, no será algo extraño. Pero de todos modos en lo que atañe a la relaciones con Hispanoamérica no se encuentra otro episodio de contactos hasta la segunda mitad del siglo XIX.

El siguiente encuentro del que ha quedado un documento fue la presentación de la compañía Satsuma e hijos en la ciudad de Buenos Aires, el 8 de marzo de 1873. De acuerdo a lo apuntado en la crónica realizada por Kunitake Kume de la famosa Misión Iwakura, primera misión oficial importante enviada por el gobierno japonés en 1871, durante su paso por Nueva York se encontraron con una compañía circense con ese nombre. Si bien era muy común este nombre, podemos llegar a asociarlo. Apenas producida la apertura forzada del Japón, el gobierno shogunal y los feudos más importantes enviaron grupos de jóvenes a buscar información al exterior. Más allá de estas misiones oficiales, para la población del común, aquellos interesados en salir del país, la vía era ponerse al servicio de extranjeros temporalmente en Japón o dedicarse a actividades artísticas. De hecho, tal como se menciona en la misma historia, el pasaporte número uno emitido por el gobierno japonés moderno, fue para el mago Rogoro Sumidakawa. Lo interesante del caso de la compañía Satsuma es qué sucedió luego y si bien no ha sido aún resuelto, mientras en la Historia del Inmigrante Japonés en Argentina se hace mención solo a uno de los posibles miembros del grupo que al parecer se disolvió en Buenos Aires.
Sobre este tema, un corresponsal del diario Yomiuri, Tokujiro Furuta entrevistó a un inmigrante que había llegado a través de los Andes, en los primeros años de la era Taisho, como empleado de la casa comercial Omura. Él le había contado que durante su viaje, en Santiago de Chile se había encontrado con un japonés que había prácticamente no hablaba japonés y que le contó que de niño había estado viajando con una compañía circense, que lo dirigía una mujer, pero que en Argentina se disolvió. Otra pista que puede ser vinculada con esta compañía es la presencia de un pequeño pueblo en la zona fronteriza entre las provincias de La Pampa y Río Negro, a orillas del Río Colorado, llamado La Japonesa. Son inciertos sus orígenes, pero es muy posible que tenga larga data y que aluda al paso o la presencia de una mujer de ese origen. Para indagar un poco más acerca de este pueblo, el entonces director del periódico Akoku Nippo, Takeshi Ehara, en 1964 hizo una investigación en la zona y en su reporte, relata que hay varias versiones sobre su origen, pero que indudablemente se trata de una mujer japonesa. Una de ellas es que se habría tratado de la empleada doméstica de un técnico de ferrocarriles británico, que cuando regresó a su país, la dejó en Argentina. Otra versión sostiene que en la compañía de circo había una muchacha, que se fue con un inglés quien finalmente la abandonó en esa zona y luego de lo cual ella se suicidó. Así los lugareños en recuerdo de su alma le dieron ese nombre al lugar. A su vez hay quienes sostuvieron que se trató de la esposa del dueño de tierras de la zona. Kazuo Takagi, estudioso del gaucho argentino, relata que en 1940 en una recorrida próxima a esa zona se encontró con una anciana que decía que tenía sangre japonesa, pudiéndose haber tratado de la hija de esta mujer en cuestión. El misterio sobre la vinculación con la compañía Satsuma que pasó por el Teatro Colón no terminó de resolverse, pero lo cierto es que en los primeros años de la era Meiji, ya un grupo de japoneses había pasado por Argentina.

La siguiente imagen que surge en nuestra búsqueda es la de Kinzo Makino. Nacido en Miuramisaki en 1864, eligió convertirse en tripulante de un barco británico para poder salir del Japón. En su viaje por el mundo finalmente decidió establecerse en Argentina, dirigiéndose a la provincia de Córdoba. Al hablar inglés pudo conseguir trabajo en el Ferrocarril Central Argentino como maquinista. Sobre su vida se conserva el testimonio del Secretario de la Representación Diplomática japonesa, Naoya Nagamine, publicado en el periódico Arudzenchin Jiho del 12 de marzo de 1927. Cuando Makino llegó a Córdoba a fines de la década de 1880, la mayoría de los pobladores ni siquiera sabía de las tierras de origen de Makino. Por su aspecto, similar a un indígena boliviano lo llamaban “colla”. Uno de los últimos testimonios sobre su vida, fue el que se encuentra en el artículo escrito por Kiyoshi Tagawa, en un número aniversario de Akoku Shimbun, publicado el 25 de mayo de 1937. Allí relata que en el pueblo de Villa María, Córdoba, conoció a un anciano jubilado de ferrocarriles, con quien charlando supo que había trabajado con Makino. Lo recordaba como Maki Kinzo y lo describía como un buen compañero en el trabajo y en el trato, aunque muy callado”.
El relato finaliza con el siguiente comentario de Tagawa: “Es probable que haya seguido sintiéndose japonés, pero aparentemente parecía haber olvidado tanto nihongo (idioma japonés) como el inglés. Un amigo de Córdoba me comentó que le costaba conversar con él. El hecho de que a su funeral haya concurrido mucha gente no japonesa, se debió a que sus familiares eran argentinos y él mismo había vivido la más pura vida criolla. No sabemos si con su familia fue feliz, pero ese modo de vivir, aislado de la colectividad, se debió seguramente a su afán de pasar el resto de su vida cosmopolita de modo simple. Seguramente no lo habría buscado por preferencia”.
De estos antecedentes la imagen que resulta es muy difusa, vinculada a personas que se perdieron en el tiempo o como el caso de Makino, si bien dejaron descendencia su imagen quedó más ligada a los británicos y a los criollo argentinos.

PRIMERAS IMÁGENES.
El viaje del año 1900 del buque escuela Presidente Sarmiento, nave utilizada para la instrucción final de los cadetes de la Escuela Naval Militar, incluyó por primera vez puertos japoneses con el fin de refrendar la firma del Tratado de Amistad Comercio y Navegación, realizado en 1898. En su paso por Yokohama, se emitió el anuncio de que estaba reclutando camareros japoneses. Yoshio Shinya, un joven que estaba trabajando como empleado en una tienda en Nagasaki, al enterarse decidió entrevistarse con el capitán, quien le aseguró que sería admitido si presentaba la autorización escrita de sus padres. Shinya regresó a su hogar natal en Saga, preparó sus documentos y se dirigió a Kobe, la siguiente escala de la fragata. Allí lo esperaba ya Chujiro Toriumi, quien se había incorporado en Yokohama, ciudad de la que era oriundo.
Shinya desarrolló luego una larga trayectoria en cuestiones comerciales y fundamentalmente culturales, tanto en el seno de la comunidad japonesa en Argentina – siendo miembro fundador de la Asociación Japonesa en Argentina, como fuera de ella participando en la creación de la Asociación Cultural Argentino Japonesa, junto al almirante Manuel Domecq García, vinculado al Japón desde la Guerra Ruso-Japonesa, luego ministro de marina durante el gobierno del presidente Marcelo T. de Alvear.
Entre la producción de Yoshio Shinya merece señalarse sus artículos vinculados a la guerra Ruso Japonesa para La Prensa, La Nación, La Razón, el Diario, The Standard y otros de Uruguay y Chile. En 1934 publicó su primer libro Imperio del Sol Naciente, seguidos luego por Ideal del Japón y Pequeña contribución a la grandeza argentina.

También contribuyeron a conformar el perfil del Japón y los japoneses, su producción artesanal – que cabe destacar que trasciende en muchos casos y por su calidad, la frontera con el arte. Los argentinos que viajaban a Europa en las décadas de 1880 y 1890 tomaron contacto con los productos que llegaban de Japón, cuyo consumo como obras de arte se había puesto de moda. Tal es el caso del matrimonio Alberti, quienes debido a la pérdida de un hijo iniciaron un viaje alrededor del mundo y al llegar al Japón quedaron tan impresionados por su naturaleza y arte que permanecieron seis meses en el país visitando Yokohama, Nikko, Hakone, Kyoto y Nara. A su regreso trajeron consigo una cantidad enorme de objetos que adquirieron los cuales en gran parte fueron obsequiados a sus parientes y amigos. También, al igual que Kipling comerciantes argentinos comenzaron a llegar al Japón. Se conoce que ya quince años antes del viaje de la Fragata Sarmiento, en 1885, los señores Meyer y D’Amico, habían iniciado este comercio. Hubo japoneses que comenzaron a interesarse por el comercio de exportación a nuestro país y uno de los primeros fue Bunpei Takinami. Sobre su perfil se han escrito varios artículos, entre ellos el relato de otro comenciante destacado, Kenkichi Yokohama. Se cuenta que en su primer viaje a la Argentina, decidió parar en un hotel de la Avenida de Mayo y rentar el salón del hotel para exhibir sus productos y venderlos. El impacto de la victoria sobre Rusia aun estaba muy fresco en la mente de los argentinos que con entusiasmo y avidez se volcaron a adquirir todos sus productos, hasta incluso los llamativos envoltorios con que había transportado su mercancía. Al final del día, el frío comerciante se quedó solo contemplando la suma recaudada por la venta, conmovido por el éxito. Si bien Takinami regresó al Japón, su hijo Fumio y luego su nieto menor Antonio, permanecieron en el país.

FLORIDA – BOEDO
En la literatura argentina de primera mitad del siglo XX se desarrollaron dos grupos literarios, que si bien no estaban bien diferenciados, se los asociaba con dos grupos de clase e intereses diferentes: esos fueron el grupo de Florida – entre los que destacaban Borges, Bioy Casares y otros. Frente a ellos se ubicaba el grupo de Boedo, por el nombre de uno de los barrios obreros de la ciudad, dedicados a una literatura de crítica social entre los que sobresalió Roberto Arlt. Estas dos zonas de la ciudad de Buenos Aires fueron también simbólicas en la historia de los japoneses.
En la primera vamos a encontrar las casas comerciales, representaciones de empresas japonesas, mientras que en la segunda uno de los café populares de la época, ejemplo de otros muchos distribuidos también en la zona de Florida, regenteados, o en la que trabajaron también muchos jóvenes japoneses.
El origen de este último grupo, corresponde a una segunda ola de japoneses que llega a la Argentina, producto de su búsqueda de mejores condiciones de trabajo. Muchos de ellos inicialmente habían sido reclutados por compañías migratorias en contingentes para Perú o Brasil. Por diversas vías obtuvieron información sobre Argentina, a donde se dirigieron al poco tiempo de arribar al continente. Si bien en su gran mayoría se establecieron en las zonas urbanas, principalmente en la ciudad de Buenos Aires, se encuentran casos en los que intentaron establecerse en otras zonas del país, como el de aquellos empleados en el ingenio Esperanza de la compañía Ledesma en Jujuy. Mientras un grupo realizó tareas en el propio ingenio, otro también había sido empleado para la cosecha de caña en el campo. Debido a problemas generados con la administración, terminaron siendo despedidos y un grupo regresó a Buenos Aires.
Sobre este incidente, se ha recogido el testimonio de Misao Kudo, experto en kendo, había llegado desde Brasil junto con su esposa Masako, también especialistas en el manejo de la naginata, especie de lanza. Ellos despertaron admiración al realizar una demostración en el Jockey Club. Kudo fue contratado por la empresa Ledesma para administrar los asuntos de los trabajadores japoneses contratados, haciendo mención al comentario de un gerente: “Emplear a 100 japoneses es más difícil que a 1000 aborígenes. Los japoneses son trabajadores, honestos, e inteligentes, pero no por ello pueden ponerse diez sombreros a la vez.”
Ya en la ciudad de Buenos Aires, los primeros empleos que ocuparon estos inmigrantes en Buenos Aires fueron en las plantas industriales de la zona sur: frigoríficos, fábricas metalúrgicas, textiles y calzado o como estibadores en el puerto. Entre los trabajos dentro de la metalurgia se incluía la limpieza de las calderas de los buques de vapor, tarea muy dura e insalubre.
El incidente conocido como la Semana Trágica, que tuvo como epicentro los talleres metalúrgicos Vasena, que empleaban también un buen número de japoneses, en enero de 1919, nos permite ver también la actitud de los japoneses frente a los reclamos obreros. El períodico japonés El Semanario Bonaerense cubrió ampliamente estos eventos y a través de ellos se puede observar los pasos hasta la formación del Sindicato de Trabajadores Japoneses en Argentina en mayo de ese año, la amplia adhesión de jóvenes oriundos de Kagoshima y Hiroshima y por otro lado una escasa adhesión de los oriundos de Okinawa. Uno de los testimonios de la época es el del periodista Yoshinobu Amano, quien había trabajado como periodista en Hawaii, en un artículo publicado en el mismo medio, señalaba que también debía prestársele atención al tema racial. “Especialmente en Argentina – indicó- donde la población se enorgullece de ser un país de raza blanca, los japoneses que vivimos aquí no podemos estimar cuándo nos veremos afectados por la ola de rechazo, particularmente cuando casi todos los problemas xenófobos contra los japoneses que ocurren en diversas partes del mundo tienen origen en los trabajadores”.
Un gran número de trabajadores se concentraba en la zona de los barrios de Barracas, la Boca y Constitución, en el sur de la ciudad, contándose cientos en un radio de cuatro cientos metros, lo cual para los habitantes de la ciudad debe haber sido notorio, aunque en general era zona de residencia de muchos inmigrantes de los más variados orígenes.

Otra faceta de la imagen de los japoneses se talla a través de su desempeño en el servicio doméstico. La socióloga Isabel Cárdenas sostiene que hacia 1914, los japoneses comenzaron a aparecer en el servicio doméstico. “Según un entrevistado, eran afable, limpios y cultos”, citándose el caso de estudiantes de carreras universitarias que querían conocer el mundo y se ofrecían como planchadores y sobre todo cocineros, pedían un sueldo alto y se quedaban poco tiempo. Este relato nos muestra una de las estrategias adoptadas para la pronta integración a la comunidad local, en la búsqueda de trabajos mejor remunerados. Así, de jardineros, mucamos, cocineros y choferes, pasaron luego a conducir taxis, trabajar y administrar cafés y tintorerías o a dedicarse a la horticultura y floricultura.

CONFLICTO EN ASIA
Conforme se fue agravando la crisis en Japón, las fricciones con la población local también fueron agravándose. En la provincia de Santa Fe por ejemplo, donde los japoneses habían comenzado a tener gran influencia sobre la distribución de bebidas como propietarios de cafés y restaurantes, se suscitaron conflictos con los productores locales a raíz de la política que deseaban implementar inmigrantes, tendiente una reducción de precios de la cerveza. Ante el temor de que se extendieran campañas antijaponesas, la Asociación Japonesa de Santa Fe, trató de unir al gremio gastronómico de japoneses firmando un convenio de precios.
Los conflictos se extendieron a otros rubros, por ejemplo se inició una campaña de rechazo promovida por una compañía competidora de Nihon Suisan, empresa asociada de capitales japoneses y argentino, a la vez que ésta presentaba una petición dirigida al presidente de la nación en respuesta a las acusaciones de dumping. Desde 1937, los estadounidenses comenzaron a intensificar la vigilancia de alemanes, italianos y japoneses.
La guerra comenzó a vivirse en el interior de la sociedad argentina. Esto se reflejó en la prensa, que se dividió claramente entre los partidarios de los países Aliados y los del Eje. El diario El Pampero fue el más vendido entre estos últimos, mientras que Crítica publicó desde el inicio de hostilidades entre Japón y los Estados Unidos las listas negras, entre el 10 de diciembre de 1941 y marzo de 1942.(pp.312-317).
Kinuko Ishii escribió en su diario “Estalló la guerra entre el Japón y los Estados Unidos. Sonó la sirena del diario La Prensa que causó alarma entre el público. El matutino apareció con grandes titulares sobre el “Ataque a Pearl Harbor por parte de las fuerzas aéreas japonesas”.
En su relato continúa, “La fisonomía de Buenos Aires, donde conviven diversas razas del mundo, era compleja. Los latinos, predominantemente españoles, y particularmente italianos, que eran los más apasionados, irrumpieron en las tintorerías y en los cafés de los japoneses para festejar la hazaña”.
En sus notas del 17 de diciembre agrega un comentario que refleja la situación de muchos japoneses: “Por la tarde recibí la llamada de la señora Lugones que me preguntó como estaba. Me alegró comprobar que todavía existían personas que me llamaban expresamente para demostrar su simpatía ante tales circunstancias, a diferencia de otras que más bien se muestran indiferentes con los japoneses, y en cambio, demuestran estima a los ingleses y americanos”.
En un comentario del 24 de mayo de 1943 señala “Sanae (su hija menor) me contó que, en representación de los alumnos, en la escuela tuvo que leer su composición en la ceremonia y luego el agradecimiento al maestro que se retiraba. Me pareció una escuela un poco extraña por pedirle a Sanae, que es japonesa pura, la lectura de las palabras conmemorando la Revolución de Mayo (fecha patria). Debo agradecer a la escuela, donde ella recibe buen tratamiento sin considerar la guerra ni los problemas raciales”.
Para concluir el retrato del clima que se vivió en Argentina durante los años de la Guerra del Pacífico, se puede incluir el episodio que tuvo por protagonista al diario Acción Argentina, de origen judío y opositor a los países del Eje atacó al Instituto Cultural Argentino-Japonés, presidido por el Almirante Domecq García, cuyo secretario era Yoshio Shinya. La acusaban de ser una organización de espionaje japonés. Asimismo, durante la misma época se difundió que se realizaban frecuentes reuniones de japoneses en las cuales se manejaban grandes sumas de dinero (probablemente los círculos cerrados de ahorro o “tanomoshi”).
Ya entonces estaba prohibido el envío de remesas de dinero y en las diversas actividades que desarrollaban los japoneses no se podían hacer cambios de titularidad y requerían de la autorización policial para realizar reuniones. También relatan casos de “mala atención” hacia los japoneses en los controles de los trenes de los ferrocarriles entonces en manos de empresas británicas. (p.318)
La declaración de guerra el 27 de marzo de 1945 tuvo para alemanes y japoneses un tratamiento diferenciado en la prensa. Mientras en el caso de Alemania se habían producido incidentes de hundimiento de barcos de carga argentinos, generando malestar en la opinión pública, lo cual hizo que la medida se viera en forma positiva, en el caso de Japón no se habían producido incidentes de modo que se lo presentó conjuntamente con la adhesión argentina al Acuerdo de Chapultepec, resultado de la última reunión de naciones del continente americano. (Imai, p.47)

DERROTA Y POSGUERRA
La prensa argentina se hizo eco inmediatamente del lanzamiento de las dos bombas nucleares. El 7 de agosto, con una foto del hongo de humo tras la explosión, el diario La Prensa de Buenos Aires, reproducía un reportaje con dos científicos alemanes que habían participado del desarrollo de esta arma. En el número del 9 de agosto, La Nación publicaba los alcances destructivos de esta nueva arma, estimándose en Hiroshima en 154 mil personas el número de muertos, señalándose además que el ataque a Pearl Harbor había cobrado dos mil trescientas cuarenta. Notas editoriales acompañaron esta noticia y también se publicaron las voces críticas que se alzaron en todo el mundo, comenzando por el Vaticano. En cada artículo se destaco el terror desatado por esta arma de destrucción masiva.
El tema que pronto alcanzará las primeras planas y en la comunidad japonesa será el envío de auxilio para los sobrevivientes de la guerra, en alimentos y artículos de primera necesidad. Las actividades se organizaron dentro de la comunidad, a través de comisiones de ayuda que actuaron coordinadamente y luego por intermedio de la Cruz Roja Argentina, se enlazaron al programa LARA en los Estados Unidos, organizados por miembros de la comunidad nikkei y finalmente llegaron a Japón y en particular también a Okinawa.
Keiko Imai destaca que las razones por las cuales no se desató en la comunidad japonesa en Argentina, una ola de terror como sucedió en Brasil, fue debido a tres razones, la primera, la neutralidad que sostuvo Argentina durante la mayor parte del conflicto; en segundo término el hecho de que la mayoría de los miembros de la comunidad residieran en centros urbanos importantes, con acceso a la información y en tercer lugar, la calidad de los medios periodísticos argentinos que recogieron la información de diferentes fuentes informativas y la transmitieron objetivamente.
También la prensa argentina cubrió el envío de ayuda en alimentos y ropas a la población del Japón, como se observa en el artículo de La Nación del 31 de mayo de 1949. Mientras esto sucedía en la sociedad argentina se procedía a restablecer las relaciones con la comunidad japonesa en el país. En 1947 finaliza la intervención en la administración de instituciones de la comunidad, se procede a devolver los bienes confiscados a japoneses durante la guerra, se levanta la prohibición sobre publicaciones en idioma japonés. También en primer término se reabre la migración de familiares de japoneses radicados en Argentina por llamado y para 1954 la migración por reclutamiento abierto, así como el sistema de prácticantes desarrollado por el Ministerio de Relaciones Exteriores del Japón entre 1933 y 1941 y que había determinado el arribo de 116 jóvenes.
Finalmente, la firma del Tratado de Paz de San Francisco, fue el siguiente hito de importancia con relación a la imagen de los japoneses en Argentina. Keiko Imai rescata el discurso que Arturo Frondizi pronunció en su banca de diputado nacional el 27 de diciembre de 1951, en donde como opositor, solicita la no ratificación del Tratado al que considera una maniobra de los Estados Unidos para conseguir respaldo y poder legitimar su posición en el Este Asiático. Agregará, “por respeto a la comunidad japonesa en Argentina y al pueblo japonés, es deseable celebrar un tratado de paz entre los dos países y no actuar simplemente al servicio de los intereses de los Estados Unidos. El peronismo, partido oficialista entonces sostuvo la aprobación que finalmente se obtuvo por mayoría. La victoria aliada, la prensa, el cine promovieron una imagen negativa pero lo cierto es que ya la comunidad japonesa se había ganado su lugar en la sociedad argentina. La experiencia narrada por Tokuji Furuta, corresponsal del diario Yomiuri, en la ciudad de La Falda, provincia de Córdoba en el interior de la Argentina, se repitió en otras partes del país. En el momento de la declaración de guerra al Japón, un comerciante de su barrio le expresó que la guerra era algo que hacían los gobiernos y la relación entre ellos seguiría como siempre.

RAPIDO CRECIMIENTO ECONÓMICO A LA IMAGEN DEL JAPON HOY.
De radios a automóviles, electrodomésticos, artículos electrónicos, poco a poco esa imagen se fue instalando en el imaginario argentino. Un ámbito en el que apenas existía competencia y por lo cual no afectaba a la imagen positiva que a lo largo de la historia de las relaciones se había ido consolidando. La famosa tira cómica “Mafalda”, creación de Joaquín Lavado, resume en pocas líneas esa imagen en la década de 1970.

A través del recorrido histórico realizado hemos visto como se ha ido consolidando la imagen de los japoneses. Como se señala en la presentación de esta mesa, la comunidad japonesa se corresponde al tipo de inmigración vista desde la perspectiva europea, como “no alentada”. Sin embargo, la particularidad del camino de desarrollo que recorrió esta nación, determinó que alcanzara una posición destacada y de respeto. En esta última parte, intentaremos cerrar el recorrido y preguntarnos, hasta que punto, experiencias análogas en la sociedad argentina, determinaron el fortalecimiento de esa imagen positiva.
Para adentrarnos un poco más en la imagen que la sociedad argentina, como sociedad receptora, produjo de los japoneses, recurrimos aquí a una fuente generada recientemente. En julio de 2009, Amalia Sato, especialista en literatura japonesa en Argentina, envió una convocatoria a un grupo de personas, para participar en la elaboración del número 14 de la revista que ella dirige: Tokonoma. La consigna era escribir un texto breve a partir de un nombre propio o común (sustantivo, adjetivo, verbo, adverbio, etc.) japonés”. El resultado de esta propuesta se terminó de editar en marzo de 2010 y resulta un material de significativo valor para ver a través de ellos, entre otras cosas, qué y cómo perciben hoy y aquí, desde Argentina, los japoneses, sus descendientes y argentinos de diverso origen, al Japón y a los japoneses.
De los 55 ensayos incluidos, el escrito por Mami Goda, especialista en arte moderno, nacida en Japón y que reside en Buenos Aires, eligió como palabra clave “Superflat”, en referencia al manifiesto lanzado por Takashi Murakami, sobre la bidimensionalidad del arte gráfico y la cultura pop japoneses. Con ese término nos presenta uno de los ejes principales para poder entender a los japoneses, nos explica a través de una línea histórica que se remonta a los motivos utilizados en la decoración de telas de kimonos, la característica ausencia de jerarquía en el arte japonés – la no existencia de un arte mayor y uno menor – que luego asocia con el mundo de la cultura popular del manga y animé, un mundo bidimensional, en el que “nunca necesitan asegurarse una posición social, ni les importa hacer recordad su existencia a nadie.” En una impecable síntesis nos revela un aspecto de la sociedad actual y la visión de los jóvenes y su futuro, que si bien se intuye, no se puede ver con claridad. Con el término “superflat” nos introduce en el mundo del manga y animé japonés, su significado y constituye también un llamado de atención sobre el mensaje que se transmite a través de un género artístico que cada día gana más adeptos entre nuestros jóvenes.
Los ensayos correspondientes a “nikkei” japoneses – valga la distinción, se adentran más en el rescate de aspectos tradicionales y su inserción en la sociedad argentina, a la que sus autores pertenecen (o al menos han nacido y crecido) . El antropólogo Marcelo Higa, actualmente radicado en Japón, eligió el nombre “Baku” enlazándolo con la obra de Juan Gelman, Yamanokuchi Ando. Gelman había generado este personaje a partir de la traducción de obras del poeta Yamanokuchi Baku. Higa explica que se trata del seudónimo de Yamanokuchi Jusaburo (1903-1963), el poeta más prestigioso de Okinawa, aunque figura marginal en la literatura japonesa. En sus obras está representada la relación de Okinawa con Japón y nos aporta en estas dos páginas a través de la traducción del poema Conversación, de 1935 una pintura clara de ella, que se podría sintetizar en la frase que Higa utiliza al explicar la conclusión de la poesía: Okinawa es un universo demasiado complejo para la simplificada mirada dominante.
Si el ensayo anterior podemos encuadrarlo como representativo de descendientes de segunda generación, que han reforzado su vínculo al Japón, en el caso de Paula Hoyos Hattori, a través del nombre Noboru (amanecer y también el nombre del abuelo de la autora), veremos la revelación de la dificultad de tender puentes entre culturas. Es muy simple concluir que toda identidad es una construcción, pero en los hechos, un proceso que es representado como algo “natural” al ser humano, puede ser muy complejo, e implica también una “traducción” y una adaptación a otra estructura cultural diferente. Si es posible del breve texto, extraer una frase que resuma ese proceso y en lo simple su magnitud y profundidad, es el siguiente:

“El camino de mi abuelo fue inventar una ruta inaugural, fue cambiar de cama, de casa, de calle, de barrio, de ciudad, de país, de continente, de idioma y hasta de nombre. Porque acá Noboru devino “Juan Carlos”, bautizado, catolizado. Y aunque nunca usó ese nombre, tampoco practicó más el japonés en su vida cotidiana.”

En “Kinkakuji de Brasil”, de Amalia Sato, podemos ver el resultado del proceso de traducción: una réplica del pabellón construido por Ashikaga Yoshimitsu como su villa de retiro, en medio de la selva tropical, “al borde de una laguna barrosa que no lo refleja…”. Ella, a partir del raconto de los orígenes de los elementos que componen el Kinkakuji y otros de su entorno termina por revelarnos que la propia cultura japonesa es un proceso de relectura de elementos tomados a su vez de otros pueblos y en definitiva, tal vez podamos concluir que constituímos un eslabón más de esa cadena de reelaboraciones.
Hasta aquí presentamos algunas de las expresiones elegidas por nikkeis y podemos agregar, de singular valor para su reconstrucción identitaria.
En el caso de los “nikkei” por afición, en algunos casos con la seriedad que representa una elección de vida profesional, al elegir los términos se inclinan por mostrar aspectos menos entendidos de la cultura japonesa. Algunos ejemplo son “Akujo. La ‘mujer mala’”, ensayo de Guillermo Quartucci, especialista en Literatura Japonesa, acerca de la contrafigura que ha dado motivo de piezas de teatro, novela o películas a lo largo de la historia y muestra la contracara de la imagen de la mujer impuesta por la moral confuciana. En este grupo debemos mencionar más la presencia de extranjeros que argentinos, lo cual también es un indicador de la escasa importancia real que se le han dado a los estudios. También a través de los términos elegidos podemos ver qué aspectos de la cultura japonesa se vuelven atractivos a los argentinos que han estudiado más profundamente a la sociedad y cultura japonesas, como por ejemplo en “Zisatsu. La temporada de los suicidios blancos.” – del escritor Juan Forn, mostrando aspectos poco conocidos de acciones sobre los que se han tejido muchos mitos.
En cambio, son los argentinos de otros orígenes, quienes aportan una mayor variedad de imágenes y nos brindan más elementos para reconstruir la imagen de los japoneses hoy. Sin duda una cuota de exotismo sigue presente, muy buena si se la considera fuente de creación artística. De este modo se cumple lo que Sato bien destaca en su introducción:

“ Se repiten todavía la sorpresa y el fervor de Félix Braquemond – descubridor ‘oficial’, de las estampas japonesas, a mediados del siglo XIX-, pues así como el grabador francés, al desenvolver la porcelana japonesa fabricada ad hoc para exportación, se fascinaba con los depreciados grabados ukiyo-e que se usaban para embalarla, así todavía una lectura, un sabor, una película, una costumbre o algo que el siempre privilegiado viajero atisbó de primera mano, todo suscita un comentario sobre un Japón propio que se convierte en disparador a la posibilidad de otro punto de vista”.

Podemos encontrar una imagen idealizada: “Aware! ¡Ah!”, ensayo de Alberto Silva, describiendo el estereotipo de la estética japonesa, a través de este término que resume como asombro, pero que tal vez se aproxima más a la sensibilidad que despiertan las cosas y fenómenos, -mono no aware – en su forma más corriente, una sensibilidad que conmueve más que producir sorpresa o gracia, como lo reflejaría su término opuesto “okashii”.
También surge entre los escritos una cuota de extrañamiento y exotismo, por ejemplo ante relatos como la historia de un kimono paraguayo, relato de la periodista especializada en modas Victoria Lescano ; o al imaginarse a la escritora Akiko Yosano (1878-1942) de cabellos largos (cuando el símbolo de la protesta era el cabello corto) y que bebe cerveza ; o al perfume de Gerlain Mitsouko, disparador del ensayo de la escritora Sofía González Bonorino.
Pero también está la recreación a través del contacto directo con personas y objetos, en “Nihon, Okinawa – Nihon, Okinawa, El rumor del oleaje, Sakura” y entre otras cosas, la referencia a los cerezos en el Parque Miguel Lillo de la ciudad de Necochea, en la costa atlántica al sur de la provincia de Buenos Aires ; o el caso de “Gushiken”, el apellido de una familia de inmigrantes vecinos del autor , o “Kitayama”, el nombre de un restaurante japonés en el distinguido barrio de Belgrano en la ciudad de Buenos Aires .
Como complemento de este grupo están los términos que solo pueden adquirirse al viajar al Japón y que a nosotros, como argentinos – y tal vez a otros latinoamericanos ta mbién, nos llaman la atención, como a la diseñadora Delius, ‘Wasuremono’- objetos perdidos y a Masao, ‘Yume’ o sueño, en donde se describe el deambular por calles con un paisaje que solo las ciudades japonesas tradicionales conservan; o a Christine Greiner, la palabra ‘Sentô’ o baño público japonés, que solo se conserva en ciudades antiguas.
Por último a la lista que presentamos de formas de ver a los japoneses, debemos agregar una muy especial y cuyo origen y motor para su expansión, sigue representando una gran incógnita – una especie de caja de sorpresas, pero a la que nos acercamos con cierto temor por desconocimiento. Es el mundo del manga y animé japoneses: otaku – con un significado totalmente diferente al original japonés y en el texto de Liliana Heer, un disparador de sensaciones; o a través de la palabra “Sagi”, la artista visual uruguaya Teresa Puppo, nos presenta la imagen de los llamados “talentos” y al posible significado de la moda del “cosplay”, al escribir sobre los ídolos mediáticos y las identidades que asumimos, en la búsqueda de responder a las expectativas sociales.

Hoy son las comunicaciones las que han ido acercando cada vez más ambas culturas y la presencia japonesa, sin intención de ninguna de las dos partes, se ha vuelto “natural”. No existe a nivel general popular, una opinión clara al respecto, pero podemos sostener que sin duda, el Japón y los japoneses siguen conservando una imagen positiva en Argentina, porque a través de expresiones de su cultura, consiguieron dar respuesta y contención a una generación que sufre problemas análogos por los que han atravesado. Para Argentina, la sociedad japonesa sigue siendo vista como un ideal deseable, muy lejano y difícil de alcanzar, y para los japoneses, la sociedad argentina, un paraíso de distensión, también muy lejano, pero al que a través del tango y del fútbol pueden acceder.


A MODO DE CONCLUSIÓN
Frente a la propuesta inicial de rescatar la experiencia histórica de las migraciones afroasiáticas extra continentales, en este caso la japonesa, se ha tenido en cuenta tanto sus causas y modalidades como los mecanismos de inserción puestos en práctica. En este sentido se buscó prestar especial atención a los procesos dinámicos de reformulación de su identidad y de construcción y reconstrucción cultural y contracultural, considerando su historia y cultura de origen frente a la influencia activa del contexto de recepción y sin ignorar las complejidades transculturales del escenario poscolonial, que en el caso argentino, como sociedad receptora, la coloca en una posición particular frente a este grupo migratorio.
En el inicio de este trabajo nos propusimos aportar elementos para responder a preguntas sobre cómo se fue conformando la imagen de los japoneses en la sociedad argentina. En esta oportunidad, se puso el acento en el carácter positivo de ésta y a qué se debió que fuera así, frente a otras experiencias trágicas, como el caso del Brasil, o del Perú o incluso los Estados Unidos, que en los comienzos también fueron tomados como referencia.
Podemos concluir el indudable peso que tuvo la particular relación que se forjó a lo largo de la primera mitad del siglo XX con Estados Unidos de competencia, frente a una de dependencia y complementariedad con Gran Bretaña. La coyuntura favorable que unió en tiempo y espacio a la cultura japonesa con la clase dirigente argentina.
La posguerra marcó un cambio en el carácter de la relación y un acercamiento más amplio que hoy en día se afianza con el creciente número de adeptos a formas de expresión de la cultura popular, que más tiene que ver con el verdadero sentir del común del pueblo japonés, que con el Japón como potencia económica mundial.
En el imaginario argentino, los japoneses siguen siendo una minoría, sería, trabajadora, de bajo perfil, que practica artes marciales, cuyos descendientes se dedican menos a actividades de servicio y más a profesiones independientes, que no obstante se han consolidado en el sector productivo de las flores, frutas y hortalizas.
La comunidad japonesa también ha ido cambiando su visión de sí misma, frente a pronósticos que auguraba un lenta desaparición, integrándose plenamente a la sociedad receptora, los avatares de la economía determinaron que se produjera un nuevo contacto y una actualización de la idealizada imagen del Japón, transmitida por las primeras generaciones.
De una invisibilidad autoimpuesta, por temor a la discriminación, a la visibilidad, primero de la mano del rápido desarrollo económico después de la segunda guerra mundial, y en años más recientes con la fuerza avasalladora de otros grupos asiáticos como coreanos y chinos.
En un balance del rápido recorrido a través de algunas descripciones, podemos evaluar que quienes han comenzado a adquirir una visión más profunda del Japón a través de una tarea metódica, son pocos; que todavía son muchos más los encantados por el misterio que los propios japoneses crean, una especie de cortina de humo que los sigue protegiendo; que mucho ha contribuido a despejar esa cortina la presencia de la comunidad y la acción de integración que protagonizan sus descendientes. Que a pesar de que el exotismo ha querido mantener una imagen estática, las corrientes de cultura popular avanzan imparables transformándola. El resultado de este proceso quizás no sea el más agradable, lo cierto es que una nueva cultura, integración de ambas es la que surge. Las comunicaciones cada vez más fluidas permiten el acceso a más información y a su vez más reinterpretaciones. El reconocer el valor de estas relecturas, que también son parte de la construcción de la identidad, es un proceso también en desarrollo.
Más de un siglo de historia a transcurrido y esa rica experiencia ahora está sirviendo a los recién llegados en el camino de integración a la sociedad argentina.





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